sábado, 20 de enero de 2018

Fuego en mi alma: Capítulo 01 - Agobio en el bus

Capítulo 01

Agobio en el bus 

El autobús escolar llevaba los niños de vuelta a casa. Suselle y Dante charlaban con sus amigos esperando que llegase su parada. Suselle estaba nerviosa, por fin podría enseñar a Agnes su cuarto. Llevaba días esperando este momento. Hablaba con su mejor amiga, Kiara.

Kiara: Puez zí que te cae bien eza mujer.
Suselle: Agnes es muy buena y guapa. Un día te la presentaré.
Kiara: Vale. Zuzelle, ¿creez que le guzto a tu hermano?
Suselle: No sé que ves en mi hermano, ¡si es tonto de remate!
Kiara: Ez taan guapo...Por cierto, ¿te vienez a dormir mañana a mi caza?
Suselle: Se lo preguntaré a mi madre, pero yo creo que sí. 


Dante: ¿Has jugado ya al Click Royale?
Karim: Sí, me he pasado el nivel catorce. Mi madre no me deja jugar si no me termino los deberes primero...
Dante: Yo les digo que uso la tablet para estudiar y se lo creen. Tienes que jugar al Star Clicks Galaxy IV, es la repera.
Karim: A ese juega mi hermana, dice que es la caña.


Suselle: Mi madre ha preparado tarta de frutas del bosque y bolitas de chocolate rellenas de nata. Espero que les guste...
Kiara: Jo, yo quiero probar todo ezo...
Suselle: Te guardaré y te traigo mañana para que lo pruebes en el recreo.
Kiara: ¡Graciaz! No tengo ganaz de ir mañana al cole...¡No eztoy preparada para el examen!
Suselle: Si quieres te mando mis apuntes por whatsaclick. A lo mejor te vienen bien.
Kiara: Zí, que con lo lizta que erez zeguro que me vienen bien. Ez una pena no haber ganado el concurzo de francez. Al menoz hemoz ido a Clizandia. 
Suselle: Y hemos sido finalistas. Que pena que no haya podido ir Clickstiano Ronaldo. Le he llevado a la profe unos dulces con chocolate. Es la mejor profe del mundo, la más buena que he tenido nunca.
Kiara: Ez muy buena. Yo le he traído unaz tortaz muy ricaz que he hecho con mi madre. Dice que le han guztado mucho. Jo tía, no hago máz que penzar en tu hermano. Ez muy guapo...
Suselle: ¿Mi hermano? Yo lo veo muy feo.


Dante: ¿Cómo está Vaiana? Lleva toda la semana sin venir a clase.
Karim: Mucho mejor. Estaba muy resfriada. Mañana creo que vendrá al cole.
Dante: Tu hermana me mola.
Karim: Es mi hermana, Dante...
Dante: Lo sé, pero mola mucho. Ojalá quisiese ser mi novia.
Karim: Ahí tienes a Kiara, se muere por tus huesos.
Dante: A mi la que me gusta es tu hermana.
Karim: ¿A que me hago novio de Suselle?
Dante: Vale vale, dejemos a las hermanas en paz.


El autobús escolar llegó al fin a la parada en la que se tenían que bajar. Suselle y Dante se despidieron de sus amigos y bajaron a toda prisa del autobús. 



Diamante los estaba esperando en un banco junto a la parada. Se estaba empezando a dormir cuando los escuchó gritar. Dante no le solía dar muchas muestras de cariño, le daba vergüenza y más si había gente delante. "No soy un bebé" les había dicho en muchas ocasiones. Suselle sin embargo no se cortaba un pelo y abrazaba a su padre con todas sus fuerzas. 

Suselle: ¡Papiiiii!
Diamante: ¡Hola! ¿Que tal el cole?


Suselle: ¡Muy bien!
Dante: Un aburrimiento, como siempre.
Diamante: ¿Te has aburrido?
Suselle: Siempre se aburre. Yo me lo he pasado muy bien.
Diamante: Vamos para casa.


Una clack de pelo largo y negro con una figura despampanante pasó junto a ellos. Diamante no podía dejar de mirar su posaderas mientras sus hijos le hablaban sin parar.

Suselle: ¿Ya están en casa?
Dante: Pero que pesada con esa Agnes. En cuanto vea lo pava que eres seguro que se larga.
Suselle: ¡Calla! Papá, ¿ya han llegado?
Dante: Me tiraré pedos cuando estéis merendando.
Suselle: ¡Que me dejes, burro! 


Dante: ¡Te voy a trolear la merienda!
Suselle: ¡Papaaaaá!
Diamante: Eh, ¿sí?
Suselle: Que si ya han llegado Agnes y Artemisa...
Diamante: Ah, no. Aunque tenemos invitados en casa.


En el interior de la casa, Sus estaba reunida con Estrella, Wen, el abuelo e Ismelda en la sala de estar. Sus les había ofrecido un café con pastas y las disfrutaban junto a la estufa.  

Sus: Se te nota mucho el embarazo, Estrella. Te sienta muy bien, estás preciosa.
Estrella: Gracias, Sus. Yo me veo fea y sobretodo gorda, muy gorda.
Wen: No digas eso, eres la clack más bella del mundo.
Estrella: Mentiroso.
Ismelda: Sentirse gorda solamente dura nueve meses, pero la alegría de convertirse en madre dura toda la vida.
Ernesto: Eso es precioso, Ismelda. ¿Cuando sabréis el sexo del niño?
Wen: En unas semanas. A mi me gustaría mucho que fuese una niña. Sería una pequeña Estrella.
Estrella: A mi me da igual, solamente quiero que esté sano.
Wen: Sí, eso es lo importante. Todavía no me puedo creer que esto sea real...
Ismelda: El embarazo es un especie de milagro. Sobre todo uno que demuestra que un click y una clack pueden conspirar para obligar a la naturaleza a crear una nueva alma.


Estrella: Jamás pensé que podría ser madre.
Wen: Yo soy tan feliz. Vivo en un sueño del que no quiero despertar.
Sus: ¿No os vais  a mudar a la ciudad? Mamá dijo que estabais mirando vivienda.
Estrella: Sí...Wenda insistió tanto que al final aceptamos. Pero será por un tiempo, nosotros estamos muy felices en el bosque.
Wen: Sí, allí nos sentimos libres.


Ernesto: El bosque revitaliza, pero tiene sus inconvenientes. 
Ismelda: Hay quien cruza un bosque y sólo ve leña para el fuego. Yo respeto profundamente la naturaleza, pues destruyéndola abrazamos la muerte y la desolación. Vivir en un bosque es una experiencia maravillosa y entiendo que deseáis vivir allí.
Ernesto: Podéis vivir unos días en el bosque y otros en la ciudad, según sean vuestras necesidades. 


Sus: Mi padre vive en el bosque, dice que solamente allí es feliz. Luego iremos a verle, con unas amigas. He llamado a Duclack para que nos acompañe. Hay cazadores ilegales y unos tiparracos que quieren quemar el bosque...no sé si por placer o para construir.
Ernesto: Estamos perdiendo los papeles...la gente está completamente loca. 
Ismelda: No cortes el árbol que te da sombra...Los humanos somos definitivamente necios. 


Sus: ¡Huy! Creo que ya está Diamante aquí con los niños.


Dante: ¡Se aburrirán contigo y se irán pronto!
Suselle: ¡Papá!
Diamante: Dante, deja en paz a tu hermana. No te metas con ella.
Dante: Solamente constato una realidad.
Diamante: ¡Dante!
Dante: Jolines, era broma. Ya no se puede ni bromear...


Sus: ¡Hola, niños!
Dante: Hola mamá. ¿Que hay de merienda?
Sus: Tienes sándiwches de crema de cacahuete en la cocina.
Suselle: ¡Mamiiii!
Suselle: Hola cariño. ¿Todo bien en el cole?
Suselle: Sí, le he dado a la profe los dulces. Dice que están muy ricos.
Sus: ¡Me alegro! Tu profesora es un cielo. 


Suselle: Mamá, ¿que haces todavía así? Agnes y Artemisa están a punto de venir y no te has arreglado. ¿Está todo listo?
Sus: No te preocupes, que tenemos tiempo todavía.


Dante: ¡Hola! Estrella, estás cada vez más gorda.
Estrella: Lo sé...
Dante: Pero sigues siendo guapa.
Estrella: Gracias, Dante.
Dante: Hola, bisa.
Ernesto: ¿Que tal en la escuela?
Dante: Un aburrimiento total.
Ismelda: Con lo que yo daría por volver a estudiar...
Ernesto: Aplícate y estudia, que luego todo son problemas.


Sus: ¿Ya os vais?
Ernesto: He organizado una partida de póker en casa y quiero estar allí antes de que lleguen los invitados.
Sus:  Vale, ya hablaremos abuelo. Hasta pronto, Ismelda.
Ismelda: Gracias por la invitación, Sus.


Suselle: Tita, ¿os quedáis a la merienda que he organizado? Vienen dos amigas mías muy simpáticas y te las puedo presentar.
Estrella: Me encantaría, pero no puedo. Tenemos que hacer unas compras y no quiero llegar muy tarde a casa. Otro día me las presentas, ¿vale?


Minutos más tarde...

Sus y Diamante estaban en su dormitorio. Sus le subía la cremallera al disfraz de oso que Diamante se había puesto. Había aceptado un trabajo como mascota de un equipo de baloncesto. Debía disfrazarse de la mascota del equipo y animar y bailar antes y después del partido.

Sus: Espera, que te subo la cremallera.
Diamante: Odio este disfraz.
Sus: No te quejes, que al menos no pasas frío.
Diamante: Ya, pero pesa mucho y casi no puedo caminar.


Sus: Solamente serán unos días, después te podrás olvidar de este trabajo.
Diamante: No sabes lo que cuesta saltar con este disfraz puesto.


Sus: Toma, la cabeza del oso.
Diamante: Hay niños psicópatas que me dan patadas y me pegan.
Sus: No lo entiendo, a mi me dan ganas de estrujarte y darte besitos.


Diamante: Me siento tan ridículo...
Sus: No...estás...estás...


Sus no pudo evitar echarse a reír cuando lo vio disfrazado. 

Sus: Estás muy gracioso. ¡Jajajajaja!
Diamante: ¿Te estás riendo de mi?
Sus: ¡No! ¡Jajajajajaja!


La tiró sobre la cama y se puso sobre ella. Sus seguía riendo sin parar.

Diamante: Vas a sufrir la ira del oso del amor, ¡prepárate, muñeca! ¡Grrrrr!
Sus: ¡Diamante, para! ¡Jajajajajaja!
Diamante: ¿Quieres que pare?
Sus: Es que están a punto de venir las invitadas...
Diamante: Te quedarás sin saber lo que es capaz de hacer el oso del amor...
Sus: Creo que todavía tenemos tiempo...


Mientras tanto, Agnes y Artemisa viajaban en bus a casa de Diamante y Sus. Habían pensado en ir caminando, pero hacía frío y no disponían de tanto tiempo. Artemsia propuso ir en bus y aunque a Agnes no le hacía ninguna gracia, finalmente aceptó a regañadientes. Cuando el bus apareció, subieron sin problemas y pudieron elegir asiento. Agnes sintió un gran alivio al ver que viajarían prácticamente solas, sin agobios. Esa tranquilidad desapareció cuando empezó a subir gente hasta abarrotar el bus. Una señora se quedó de pie, a su lado y le cedió el asiento. Artemisa todavía conservaba su asiento y Agnes se agarró como pudo para permanecer a su lado.

Artemisa: ¿Quieres sentarte?
Agnes: No, estoy bien, Artemisiña. Esa muller me mira raro.
Artemisa: Ignórala. 
Agnes: Su aliento huele a pés.
Artemisa: ¡Jajajaja! A mi también me llega el aroma...
Agnes: Artemisiña, me estoy agobiando mucho.
Artemisa: Pronto llegaremos a nuestra parada, intenta aguantar.
Facunda: Joder, que lenta va esta mierda. ¡Autobusero, aprieta el acelerador, lechees!
Agnes: Es una besta, Artemisiña. Me da terror...
Facunda: ¿Pasa algo?


Agnes: No, yo...
Facunda: Ya, que va muy lenta esta tartana, ¿verdad?
Agnes: Verdadeiro, esto va muy lento...
Artemisa: Es que no estamos en un coche de carreras...
Agnes: Artemisa, quiero bajarme ya...
Facunda: ¡Aaaaachis! Tengo un resfriado de tres pares de huevos. ¿Tienes un pañuelo?
Agnes: Artemisiña, Esto es insoportable...
Artemisa: Toma, un pañuelo.
Facunda: Gracias.

Facunda les sonrió. Su estropeado rostro y su pelo verde acompañaban a su espantosa dentadura.


Facunda: Estoy que me muero por fumar.
Agnes: No entiendo que me hable tanto, ¡no la conozco de nada! Huy, ¿y esa peste?

Un hombre fuerte, con brazos musculosos, joven y guapo estaba sentado tras Artemisa. Llevaba una camiseta sin mangas y cuando movía los brazos, un repugnante olor a sudor invadía la zona.

Artemisa: ¡Puajj!
Agnes: Olora morto...creo que voy a desmayar. 
Artemisa: Ya casi estamos, intenta aguantar, Agnes. Es repugnante, la verdad...


Agnes: Prefiero usar mis piernas para desplazarme.Odio los autobuses...
Facunda: ¡Aaaaachiiiis!

Una chica puso el altavoz de su móvil y sonó una pegadiza melodía.

Y si con otro pasas el rato,
vamos a ser feliz, vamos a ser feliz,
Felices los cuatro,
te agrandamos el cuartooo

Agnes: ¿De dónde sale esa espantosa melodía?
Artemisa: Esa de ahí, con su móvil.
Facunda: Wuala tía, me mola esa canción.
Chica: Es la caña.

Y lo hacemos otro rato,
y lo hacemos otro rato,
y lo hacemos otro rato,
y lo hacemos otro rato...

Agnes: Non me gusta nada. ¿Eso es música?
Artemisa: No, para mi es como el sonido de una sierra mecánica.
Vicenta: Hay que ver la gente, que pone la musiquita para todo el mundo. ¿A que me traigo mi radio y les pongo Manolo Esclickbar?
Herminia: La juventud de hoy en día no tienen educación. En mis tiempos esto no ocurría.
Vicenta:  ¡¿Puedes quitar eso?!
Chica: Señora, no me da la gana.
Facunda: Qué pesada la vieja. ¡Ahciiis!
Hombre: ¿Sí? Ah, hola entrenador. Sí,llevo todo el día entrenando.He sudado la gota gorda.
Artemisa: No hace falta que lo jure...
Agnes: Artemisiña, no creo que pueda aguantar mucho más...esto es insoportable...

Feliceees los cuatroo,
te agrandamos el cuarto,
te agrandamos el cuartoooo

Facunda: ¡Aaaaachiiis!
Vicenta: ¡Apaga el aparato, niña!
Chica: ¡Que me olvide, vieja!
Herminia: Será maleducada.
Chico: Sí, entrenador. Soy capaz de mover los brazos con mucha agilidad, no se preocupe. Ahora mismo lo estoy haciendo y no siento dolor ninguno.
Agnes: Por la Diosa, que no se siga moviendo...
Artemisa: ¡Qué asco!


Facunda: ¿Te pasa algo, tía? Te veo mala cara. ¡Achiiis!
Agnes: No es nada, un poco mareada.
Facunda: ¿Quieres un caramelo? Tengo uno que pillé en la cabalgata de los Reyes Magos. De menta, me parece que es.
Agnes: Yo...
Facunda: Que sí, tonta. ¿Te lo pelo?
Agnes: No es necesario...
Chico: Puedo tocar con las manos el techo del autobús, entrenador. ¡Y eso que estoy sentado! 
Artemisa: Huele a perros muertos...
Agnes: Grazas por el caramelo. Luego me lo comeré...

Hey, Perruno García,
 hey Orlando Cortéees,
Mi perra, mi linda...
Tú eres mi peeerraaaaa,
Mi perra en celooo,
te doy un cacheteee
en todo tu culoooo

Vicenta: ¡Ehhhhh, quita eso!
Chica: Que me olvide.
Facunda: Esa me encanta. Siempre me la canta mi novio cuando nos vemos.
Agnes: Esto es horrible...


Chico: ¡Eh, ho, eh, ho! Levanto los brazos a velocidad relámpago, entrenador. Que sí, que lo van a flipar los colegas.

Agnes se agarró al hombro de Artemisa. Todos sus sentidos estaban colapsados, necesitaba escapar. Por suerte, llegaron a su parada. Artemisa agarró de la mano a Agnes con fuerza.

Artemisa: Ya hemos llegado.
Agnes: ¡Por fin! Rápido, debemos bajar cuanto antes, Artemisiña.


El chico sudado se bajaba también en la misma parada. Había tanta gente que era muy difícil bajar del autobús. Agnes empujaba a la gente aterrada. Temía quedarse atrapada y tener que aguantar una parada más en el autobús.

Agnes: Permítame, por favor. Paso, paso...
Artemisa: Tranquila, Agnes.
Chico: Tranqui, colega. Yo también me bajo.


Agnes bajó a toda prisa del bus y se alejó todo lo que pudo. Artemisa la seguía sorprendida. Sabía que se había agobiado mucho, pero nunca la había visto correr con tanta rapidez. 

Artemisa: ¡Un momento, Agnes!


Agnes se detuvo y controló su respiración. Poco a poco se fue calmando. Artemisa la abrazó con cariño.

Artemisa: ¿Estás bien?
Agnes: Foi horrible, Artemisiña. Esa música espantosa, la peste, los gritos, esa loca...me estaba afogando. Pensaba que iba a fenecer en ese lugar y yo quiero fenecer en Galicia...
Artemisa: Sí, hasta para mi ha sido horrible. Bueno, lo hemos superado. La próxima vez iremos andando.


Continuará...

lunes, 15 de enero de 2018

Circo Playmobil

¡Bienvenidos al circo Playmobil!

El gran circo de Playmobil empieza su función con la divertida actuación del entrañable Payaso Tristón. Tocando su acordeón nos deleita con melodías pegadizas y divertidas.


No tardan en salir a la pista sus compañeros payasos, dispuestos a hacernos reír sin parar. ¡Estos payasos están locos!


Susanita y su banda de monos locos aparecen en escena. Saltan, se montan en monopatín, bailan y juegan al ritmo del acordeón de Susanita. 




Los elegantes caballos blancos sorprenden a grandes y pequeños. Parece algo imposible que sean capaces de hacer todas esas cosas.
 

El foco ilumina a la preciosa encantadora de serpientes. Casandra baila junto a su inseparable serpiente, a la que todos miran aterrados y fascinados. 



El gran mago Mister Magic junto a su bella ayudante Catrina crean el mejor espectáculo de magia de todos los tiempos. Su show es uno de los más aplaudidos del circo. ¡La magia existe! 



¡Alucinante! El gran tigre blanco y los leones saltan por aros de fuego y y parece que obedecen a su domador..aunque ha sufrido un pequeño percance. A pesar de ello, el espectáculo debe seguir. 




Los majestuosos elefantes despiertan entre el público aplausos de felicidad. Sus domadoras se suben y saltan sobre ellos con total naturalidad. ¡Yo quiero un elefante blanco!




Los trapecistas nos dejan sin aliento. Con sus atrevidas y peligrosas acrobacias consiguen el respeto y admiración de las gradas. ¡Alucinante!