sábado, 21 de julio de 2018

Vacaciones en el mar - Capítulo 14: Celos y traiciones

Renzo y Willy estaban tumbados en la cama. Habían ido al camarote a descansar. Renzo parecía estar en una nube, volando de amor por Kimberly. Miraba al techo con una sonrisa tonta. Willy pensaba en Emma. Le gustaba mucho y era muy simpática, pero cuando intentaba acercarse más a ella, se mostraba esquiva. 

Renzo: La vida es maravillosa, Willy.
Willy: Tienes suerte, Kim y tú estáis muy enamorados.
Renzo: Siento que es amor del verdadero. Esto no lo había sentido nunca en mi vida. 
Willy: A mi me gusta Emma.


Renzo: Hacéis buena pareja.
Willy: Ya, pero no sé si le gusto.
Renzo: Te pone ojitos, que lo he visto.


Llamaron a la puerta y Willy dijo que estaba abierta. Duclón entró sonriente.

Duclón: Chicos, vamos a cenar. ¿Os venís?
Renzo: Hemos quedado con Kim y Emma para cenar juntos. Pediremos hamburguesas. 
Duclón: De acuerdo. Wenda y yo estaremos en el restaurante. Comportaros bien y no os metáis en problemas.
Willy: Seremos buenos, no te preocupes.


Agnes corrió hasta su camarote para intentar hablar con Artemisa. Al abrir la puerta, se la encontró tumbada sobre la cama y mirando seria al techo.

Agnes: ¿Artemisiña? ¿Sigues enfadada?

Artemisa se hacía la sorda y no quiso responder. Ni siquiera la miró.


Agnes cerró la puerta y se sentó en la cama junto a ella. Seguía inmóvil, ignorando por completo su presencia.

Agnes: Artemisiña, ¿estás bien?
Artemisa: No sé que haces aquí, deberías volver con Asunción. No he nacido en Galicia y conmigo no puedes cantar canciones gallegas.
Agnes: No digas eso, por favor. No dudes de mi amor por ti ni de que eres lo más importante en mi vida.


Finalmente Artemisa se sentó en la cama y la miró. Estaba a punto de ponerse a llorar. Al verla así, Agnes desesperó. No sabía cómo hacerle entender que se estaba equivocando.

Artemisa: Te amo, Agnes. Eso lo sabes y no me cansaré nunca de decírtelo, pero yo no puedo competir con Galicia ni con esa chica tan guapa que se muere por tus huesos y que encima, es gallega.
Agnes: No tienes que competir con Galicia ni con nadie. Asunción es solamente un amiga, la acabo de conocer y no siento ningún interés por ella más allá de una amistad.
Artemisa: Con ella te brillan los ojos. Compartís cosas muy especiales, os une vuestra tierra y os entendéis a las mil maravillas. Además, puede que tú no sientas atracción por ella, pero te aseguro que ella está loca por mi.
Agnes: Te equivocas, Artemisiña. Ella misma me ha dicho que no tiene ningún interés en ti.


Agnes: Te está engañando. Lo siento, pero no puedo más. Necesito estar sola para pensar. Ahora mismo me siento un cero a la izquierda en tu vida, alguien que no te puede aportar la felicidad que tanto anhelas. Quizás sea el momento de plantearse si lo nuestro tiene algún sentido...yo no te puedo hacer feliz.

Artemisa se levantó y se marchó del camarote llorando. Agnes la llamó varias veces, intentado hacerle entender que se equivocaba, pero de nada sirvió.


Agnes se tiró a la cama y se puso a llorar intensamente. No quería perder a Artemisa, la amaba con todo su corazón y no se imaginaba la vida sin ella. No sabía cómo podía hacerle entender que se equivocaba, que ella le hacía feliz. En esos momentos deseó estar en plena naturaleza, abrazar a un árbol y que le ayudase a encontrar la paz que había perdido.


Izan se duchó y salió del cuarto de baño. Alicia miraba la pantalla del ordenador aunque no estaba escribiendo. Se acercó a ella en un último intento por hacerla reaccionar.  Se lo pasaba muy bien con Cecilia, pero la echaba de menos.

Izan: Te has perdido una experiencia única. No sabes lo bien que se estaba en esa isla.
Alicia: Ya, lo he podido comprobar. 
Izan: ¿Has bajado?


Alicia: Sí, y te he visto con esa. Te lo estabas pasando muy bien con sus manoseos.
Izan: Me estaba haciendo un masaje, no veas fantasmas dónde no los hay.
Alicia: Entiendo que soy tonta por haber estado todo este tiempo enganchada al trabajo, pero eso no te da derecho a tontear con otras. Creo que no me lo merezco.
Izan: Alicia, no he tonteado con nadie. Me estás hartando. Primero me ignoras y ahora esto.


Alicia: ¡¡Lo siento!! Me he dejado llevar por el trabajo, ¿me pongo de rodillas? Sé que me he portado mal, pero no por eso voy a aceptar que te pongas a tontear con otra. Eso no va conmigo, Izan.


Izan: ¿Te has vuelto loca? ¡¡Yo no he tonteado con Cecilia!! Ha sido amable conmigo, nada más.
Alicia: ¡Pero si os he visto!
Izan: Estás celosa y no sabes ver la realidad.
Alicia: ¡No estoy celosa!


Izan: Si esto es tener una relación, prefiero estar solo. No pienso consentir que me trates de esta forma tan injusta. Ahí te quedas con tus celos. 
Alicia: ¡¡Pues vete con esa!!
Izan: Sí, es una buena idea. Quedaré con Cecilia para ir a cenar, al menos ella me respeta y no tiene pájaros en la cabeza.
Alicia: ¡¡Si te vas con ella no vuelvas!!


Rafa no estaba dispuesto a rendirse. Tras pensar en el bar tomando el cóctel bomba, se le ocurrió una idea disparatada. No sabía si funcionaría, pero tenía que intentarlo. Todavía le dolía el ojo del puñetazo y tenía ganas de devolverle el golpe, pero tenía que ser más inteligente.


Tomo aire y llamó a la puerta de Amy y Jean. Escuchó voces y alguien que caminaba hasta que la puerta se abrió. Jean lo miró sorprendido.

Jean: ¿Vienes a por más?
Rafa: Deja que entre, lo que te voy a proponer te interesa.
Jean: Pasa.


Amy estaba sentada sobre la cama. Al verle entrar sus ojos se abrieron como platos. Le suplicaba con la mirada que se marchase, pero Rafa no pensaba hacerlo de ninguna de las maneras.

Jean: Desembucha.
Rafa: No amas a Amy.
Jean: Sigues buscando pelea, ¿no? Cómo te atreves a...
Rafa: No pretendo meterme contigo, es una realidad. Amy me contó muchas cosas. Una de ellas es que lo que más te gusta en el mundo es el dinero.
Rafa: Ya veo...
Rafa: No la amas y ella es infeliz. Sé que no la dejarás marchar, que si me interpongo, tu padre y todos sus hombres acabarían con mi vida. Te propongo un intercambio.


Jean: ¿Un intercambio?
Rafa: Te doy 6.000 cleuros y nos dejas en paz. Le dices a tu padre que está muerta o lo que se te ocurra. No os amáis y os amargáis la vida mutuamente, sales ganando. 
Jean: No es suficiente. ¿Eso es lo que vale ella para ti?
Rafa: Estoy intentando comprar su libertad, que una mafia con la que ni la policía consigue acabar la deje en paz. Te llevas un dinero y todos salimos ganando.
Jean: 30.000 Cleuros.
Amy: Rafa, esto es una locura, será mejor que...
Rafa: Te doy 25.000 cleuros, ni un céntimo más. Deberás desaparecer de nuestras vidas, dejarnos en paz para siempre.


Amy: Es mucho dinero, Rafa...
Jean: Mira, lo tienes loquito por ti. 
Rafa: Debería ir a la policía y denunciarte, pero sé que sería mi perdición y la de Amy.
Amy: Rafa...
Jean: Está bien, es un buen trato. Quiero una transferencia a este número de cuenta. Hasta que el dinero no esté ingresado y seguro, ella permanecerá conmigo.

Le dio un papel con el número de cuenta.

Amy: Rafa...no debes hacerlo. Es mucho dinero.
Rafa: Lo que sea por tu seguridad.  


Jean: Cuando hayas ingresado el dinero, vuelve. Lo comprobaré y si está todo correcto, me olvidaré de Amy.
Rafa: No tardaré demasiado.
Jean: Te espero.


Demetria escribía en su diario. Estaba viviendo un sueño del que no quería despertar. Felipe era el click con el que siempre había soñado. Además, había conocido a Gabi, un chico con el que congeniaba muy bien y con el que le gustaría mantener el contacto.

"Lo que no me gustó fue el beso. Me metió la lengua y eso no lo esperaba. Yo esperaba algo más dulce y tierno. ¿Será que estoy anticuada? Nunca me habían besado de esa forma. No es que fuese muy agradable, pero bueno. Estamos muy bien, me hace sentir especial, la clack más bonita del mundo. Consigue que me sienta guapa con todas esas cosas que me dice. Estoy muy feliz. También he conocido a Gabi. Es un chico con el que me llevo muy bien. Podemos hablar de todo y es famobil, como yo. Lo extraño es que también me atrae...¿Es posible que me gusten dos chicos a la vez? No lo sé"

Agarró  un bombón de chocolate con vainilla de una caja que había comprado. Estaba hambrienta y esos bombones estaban deliciosos. 


Gabi llamó a la puerta de Demetria con nervios. Tenía que contarle todo lo que había escuchado. Estaba siendo engañada por Felipe y sus amigotes, que habían hecho una repugnante apuesta. No entendía que pudiesen existir gentuza así en el Playmundo. Debía advertirle, antes de que fuese demasiado tarde.

Demetria: ¡Voy!


Abrió la puerta y sonrió feliz al ver a Gabi.

Demetria: ¡Gabi! ¿Quieres pasar?
Gabi: Sí, gracias.


Demetria: ¿Quieres bombones?
Gabi: Tienen buena pinta, pero me quiero reservar para la cena.
Demetria: ¡Es verdad! He quedado con Felipe para cenar luego. Es mejor que deje los bombones para otro momento. Gabi, siento haberme ido así. Felipe tiró de mi y me vi arrastrada por su fuerza.
Gabi: No pasa nada...
Demetria: Te compensaré. Luego te invito a una copa en el bar.
Gabi: Acepto esa copa encantado.


Se sentaron en la cama para seguir hablando cómodamente.

Demetria: ¿Que te trae por mi camarote?
Gabi: Tengo que contarte algo, Demetria. No es algo bueno y me temo que te hará mucho daño.
Demetria: Me estás asustando, ¿qué ocurre?


Gabi: Se trata de Felipe. Estaba paseando por la isla cuando he escuchado hablar a sus amigotes. 
Demetria: ¿Y qué decían?
Gabi: Cosas horribles...sobre ti.
Demetria: ¿Sobre mi?
Gabi: No es necesario que te cuente exactamente lo que decían, pero créeme que no te gustaría.
Demetria: Pues vaya unos amigos tiene Felipe. No entiendo que tienen en mi contra...


Gabi: Felipe no es el click que crees que es.Ha apostado con sus amigos que se liaría contigo antes que uno de ellos con otra. Quién gane, se lleva 600 cleuros.
Demetria: Es broma, ¿no?


Gabi: No lo es, lo siento. Está jugando contigo y todo lo que hace y dice no es real. Tenía que avisarte antes de que te haga más daño.
Demetria: No puede ser...


Gabi: No creas nada de lo que diga y apártate de él.
Demetria: ¡No es posible!

Demetria se puso a llorar enfurecida. De nuevo, otro click había jugado con sus sentimientos para su propio beneficio. Había abierto su corazón dañado a Felipe y lo había destrozado todavía más. Enloqueció, tenía ganas de gritar y destrozar el camarote.

Gabi: Demetria, tranquila...
Demetria: ¡No me puedo tranquilizar! ¡Los clicks son todos unos cerdos!
Gabi: Tranquila...
Demetria: Vete, por favor.
Gabi: ¿Estás segura?
Demetria: ¡Vete, déjame sola!


Abrió la puerta del camarote y le pidió que se marchase.

Gabi: Lo siento...
Demetria: Necesito estar sola. Gabi...vete.


Cerró la puerta y Gabi la escuchó llorar. Se fue alejando cabizbajo. Se sentía culpable, estaba tan feliz y ahora estaba completamente destrozada. También necesitaba estar solo, así que se dirigió a su camarote para intentar tranquilizarse. 


Demetria lloraba sin parar. No era capaz de soportar otra traición así, justo cuando empezaba a creer en el amor. Se odiaba por haber confiado en Felipe y no hacer caso a su intuición, lo del beso, lo de la fotografía. Solamente deseaba llorar y estar sola, a ser posible para siempre.


Continuará...

jueves, 19 de julio de 2018

Vacaciones en el mar - Capítulo 13: Triste en el cielo

Carlota bajó a la isla después de armarse de valor. "No pasa nada, todo está bien" se dijo para tranquilizarse. Había visto a Donato bajar del barco y le apetecía hablar con él. Aquel click tenía algo especial que le hacía olvidarse de todos sus problemas. Lo encontró en una tumbona, descansando bajo la sombra de unas palmeras.


Se sentó sobre la arena, aunque no se había puesto bañador ni tenía un calzado adecuado para caminar por la playa. No deseaba ponerse demasiado cómoda por si tenía que salir corriendo. 

Carlota: ¿Se está mejor que en Bokiang Liao?

Donato se incorporó al escuchar su voz. Su mirada se iluminó al verla sentada sobre la arena.

Donato: Se está muy bien, pero Bokiang Liao es mucho mejor.
Carlota: ¿Mejor que esta isla paradisíaca? 
Donato: Así es.


Donato se levantó y se sentó junto a ella. Carlota no pudo evitar mirarle de arriba a bajo. Sin duda, a pesar de su edad, Donato se cuidaba. Tenía un cuerpo que muchos jóvenes envidiarían. 

Donato: ¿No te pones bañador?
Carlota: Es que he bajado de forma improvisada. Mi idea era quedarme en el barco.
Donato: Menos mal que has bajado. Es imperdonable perderse una experiencia como esta. 
Donato: Carmen, ¿puedo preguntarte algo?

Ya no recordaba que le había mentido sobre su nombre. Se arrepintió por haberle mentido, pero le costaba confiar en la gente.

Carlota: Claro, puedes preguntar lo que quieras.
Donato: Te ocurre algo, lo sé. Pareces preocupada desde que te conocí. ¿Estás bien?
Carlota: Tengo algunos problemas, si te soy sincera. Aunque no quiero hablar de ello.
Donato: Lo respeto. ¿Puedo hacer algo para solucinarlos?
Carlota: No. 


Donato: ¿Puedo seguir preguntando?
Carlota: Bueno...
Donato: ¿Estás casada? ¿Divorciada? ¿Viuda?
Carlota: Viuda, pero desde hace muchos años. Mi marido murió muy joven.
Donato: Vaya...
Carlota: Antes de su muerte, adoptemos una niña. Se llamaba Sol. La cuidé durante años pero un día apareció su madre biológica y finalmente se marchó con ella. A veces la veo, pero ya no soy nada para ella.
Donato: Lo siento, es muy injusto.
Carlota: Al menos es feliz, es lo que importa.


Donato: Tú también importas.
Carlota: Hace años que no le importo a nadie. Aunque soy muy luchadora y si la vida me da un golpe, yo me levanto con más fuerza.
Donato: Impresionante. Tienes una fortaleza envidiable. 
Carlota: Eso intento.
Donato: Siguiente pregunta. ¿No tienes calor con esa ropa?
Carlota: Sí, lo cierto es que tengo calor.


Donato: Ponte un bañador y nos metemos en el agua.
Carlota: Oh, no gracias. Prefiero quedarme aquí.
Donato: ¡Es hora de vivir la vida con más intensidad, Carmen!
Carlota: Es que ahora no tengo ganas de subir a por el bañador...
Donato: ¡Al agua pato!


La agarró por la cintura y junto a ella, se tiró al agua. Carlota gritó sorprendida. El agua estaba muy templada, por lo que no fue desagradable.


Se empapó completamente. Al asomar la cabeza del agua, miró a Donato enfadada. Al verle sonreír con ojos de niño revoltoso, no pudo evitar echarse a reír y tirarle agua a la cara.

Carlota: ¡Estás loco!
Donato: Has descubierto mi lado más oscuro. Estoy majareta, completamente chalado. Espero que no lleves nada de valor encima.
Carlota: No, lo tengo todo en el bolso. Oh, el agua está fabulosa.
Donato: Deja que te transmita un poco de mi locura. Los locos vivimos mucho mejor, ya lo verás.

Los dos se echaron a reír y se relajaron en el agua.


Agnes y Artemisa miraban en silencio el mar azul. Se habían bañado y se relajaban sentadas en la arena. Agnes se abanicaba, tenía calor. Artemisa estaba muy seria, casi no hablaba. 

Agnes: Esto es precioso, Artemisiña.
Artemisa: Es bonito.
Agnes: Si no fuese por este calor, sería perfecto.
Artemisa: Para ti sería perfecto estar en Galicia.

En otras circunstancias ese comentario no le habría ofendido, pero dicho así, le sentó fatal. Había sonado casi a burla y eso le dolió. Intento disimular.

Agnes: Sí, pero estar aquí contigo también es perfecto.
Artemisa: ¿De verdad? Últimamente parece que estorbo. 


Agnes: Artemisiña, ¿por qué dices eso? Tú no sobras y lo sabes. No entiendo tu actitud, ¿he hecho algo que te moleste?
Artemisa: Solamente hablas de Galicia y con tus nuevas amigas, sobretodo con Asunción.
Agnes: No sabía que estabas molesta...
Artemisa: Encima cantas canciones gallegas con ella y yo me quedo al margen...no me malinterpretes, me gusta que te relaciones, pero...
Agnes: Te sientes desplazada. Artemisiña, si yo solo tengo ojos para ti.


Asunción: ¡Rapatza! ¡No os encontraba!
Artemisa: No puedo creerlo. ¿Qué hace aquí?
Agnes: Habíamos quedado para bajar juntas a la isla.


Asunción: Mis hermanas se están dando un baño. Estas nadan como sirenas y yo con el miedo que le tengo al mar, meto solamente los pies. ¿Molesto si me quedo?
Artemisa: Pues mira, no te preocupes que yo me voy ya.
Asunción: ¿Ya? ¡Pero si se está de maravilla!


Artemisa se levantó corriendo y se marchó visiblemente enfadada.

Agnes: ¡Artemisa!
Asunción: Vaya, he llegado en un mal momento...


Agnes se volvió a sentar. Todo aquella situación le sobrepasaba. No era capaz de asimilar el enfado de Artemisa y ni mucho menos que estuviese celosa.

Agnes: Creo que está celosa...
Asunción: Ay, los celos son malísimos. ¿Está celosa de alguien en concreto?
Agnes: De ti...
Asunción: ¡Por todos los santos! ¿De mi? Ay, amiga mía...he metido la pata sin querer. No pretendía causaros estos problemas. Yo no tengo malas intenciones contigo, ¡adoro vuestra relación! Lo que ocurre es que contigo tengo mucha conexión, pero como amigas, nada más.
Agnes: No sé que hacer...


Asunción: No lo dudes, ve y habla con ella. Los celos son como una enfermedad. Dile que yo no tengo ningún interés en ti y que estarás menos tiempo conmigo. 
Agnes: Vale...pero me da pena que no podamos hablar.
Asunción: Dejaremos pasar un tiempo, que se le pasen los celos. Corre, habla con ella cuanto antes.


Agnes salió corriendo en busca de Artemisa. Deseaba solucionar las cosas con ella y aclarar los malentendidos. Asunción la veía alejarse sin poder apartar la mirada de su trasero.

Asunción: Artemisa es muy lista e intuitiva...sí que me gusta Agnes, pero no tenía pensado lanzarme a por ella...


Un chico cachas, guapo, rubio, con gafas de sol y enseñando palmito se le acercó de improvisto. Asunción gritó horrorizada cuando le habló al oído sin que lo viese venir.

Chico: ¿Te apetece pasear conmigo, muñeca?
Asunción: ¡Carallo! ¡Menudo susto me has dado! Una aclaración, no soy una muñeca y ni mucho menos tu muñeca. 
Chico: Pues pareces una barbie, muñeca.
Asunción: Soy lesbiana, ¿lo pillas?


Chico: ¡Eso a mi no me importa, me gustan las lesbianas!
Asunción: ¡Pero a mi no me gustan los chuloplayas!


Wenda y Duclón descansaban sobre la arena después de haberse dado un buen baño.

Wenda: Me siento más joven que nunca.
Duclón: Yo también. Si no fuesen por estas canas, parecería un chaval.
Wenda: Esas canas te hacen muy sexy. Duclón, esta isla es fantástica.
Duclón: Sí, aunque antes era mucho mejor. Ahora está repleta de turistas y no se puede respirar la paz que antes transmitía. Me estoy acordando de Peralta, un noviete de hace años de Duclack.
Wenda: ¿Que le ocurre?
Duclón: Por lo que me han dicho, está muy enfermo. Conoció a mi Duclack en esta isla y se hicieron inseparables. Mi Duclack era una renacuaja pero estaba enamoradita de él, que era unos años mayor.


Wenda: Oh, ¿que le ocurre?
Duclón: No lo sé. Se lo ha dicho mi Duclack a Duque por Whatsaclick.
Wenda: Espero que se recupere. La vida es tan injusta a veces...


Duclón: Debemos vivir la vida intensamente, Wenda. Aprovechar cada segundo.
Wenda: Sí, uno nunca sabe lo que puede pasar. Bueno, yo creo que lo estamos haciendo. Este viaje es una muestra de ello.
Duclón: Este viaje cambiará nuestras vidas.
Wenda: No sé si tanto como eso, pero está siendo inolvidable.
Duclón: Tengo una pequeña sorpresa para ti.
Wenda: ¿Un sorpresa?
Duclón: Sí, pero por el momento no te puedo decir nada.


Wenda: ¿No me puedes dar una pista?
Duclón: No, quiero que sea una sorpresa.
Wenda: ¡Qué intriga!

Se lanzó sobre Duclón y se besaron apasionadamente. Willy los buscaba y cuando los vio así, se detuvo sorprendido. 


Wenda: ¡Willy! ¿Qué haces ahí mirando?
Willy: No quería molestar. Es que me parece que nos vamos ya. Leire está haciendo subir a todo el mundo al barco.
Wenda: ¿Ya?


Leire: Hola, así es. Tienen que volver al barco, nos vamos ya.
Wenda: Oh, con lo bonito que es esto...
Leire: Ay sí, esto es precioso. Bueno, visitaremos otros lugares espectaculares.


Los pasajeros subían al barco lentamente. Leire cometió el error de no estar pendiente de la lista con los nombres de todos los pasajeros que habían bajado. Perdió la cuenta de los que habían entrado, por lo que concluyó que ya habían subido todos. Elliot buscaba a su padre, pero no lo encontraba.


Elliot: Dora, ¿dónde está mi padre?
Dora: No lo sé. Lo vi con Lucía hace un buen rato. A lo mejor está descansando en su camarote.
Elliot: Iré a ver.


Elliot fue corriendo en busca de su padre. Deseaba contarle las cosas que había hecho en la isla y lo bien que se llevaba con Renzo, Willy y los demás.


Dora se acercó a Rafa, que estaba junto a una mesa esperando a ser atendido. Estaba serio y parecía triste.

Dora: Siento la tardanza, justo ahora suben todos los clientes y están sedientos. ¿Desea tomar algo?
Rafa: Sí, un whisky.
Dora: Perdona, siento si soy una pesada, pero soy una gran admiradora. Eres un crack, Rafa.
Rafa: Gracias...


Dora: Tienes un ojo hinchado, ¿estás bien?
Rafa: Estoy lejos de estar bien.
Dora: ¿Te puedo sugerir algo?
Rafa: Bueno...
Dora: Un whisky está bien, pero un cóctel bomba de Vera te sentará mucho mejor. Es fuerte, pero revitaliza el alma. 
Rafa: Me has convencido.
Dora: Rafa, podríamos tomar algo juntos un día de estos. 
Rafa: Bueno, ya buscaremos el momento...


Dora: No sé lo que te ocurre pero me da mucha rabia verte así. Espero que eso que te preocupa se solucione pronto. Te traigo enseguida ese cóctel bomba y ya verás como te ayudará a relajarte.
Rafa: Gracias...
Dora: Dora, me llamo Dora.
Rafa: Gracias, Dora.


Beatriz, Ignacio y Kimberly subieron juntos al barco. Beatriz notaba que algo raro ocurría entre su marido y su hija.

Beatriz: ¿Ocurre algo?

Kimberly miraba a su padre, que le suplicaba con la mirada que no dijese nada. Había decidido no decir nada y seguir viviendo una vida cómoda y con todos los caprichos, pero cuando vio a su madre, todo eso dejó de ser tan importante.

Kimberly: No sé. Papá, ¿ocurre algo?
Ignacio: Pues claro que no, ¿verdad hija?
Kimberly: Tengo tantas ganas de comprar ropa. En este barco hay tiendas muy exclusivas de ropa, ¿me das la tarjeta de crédito, papá?
Ignacio: Claro, hija. Me visto y te la doy.


Beatriz: ¿Te has vuelto loco? ¡No tiene edad para ir con una tarjeta de crédito!
Ignacio: Ya, pero...
Beatriz: Pero nada. Luego le acompañamos y que se compre lo que quiera, pero de dejar tarjetas nada. Le pueden robar, Ignacio. ¡Es tan solo una niña!
Ignacio: Sí...¿Lo comprendes, hija?
Kimberly: No, papá. No comprendo nada. Mejor me voy...


Elliot corría por los pasillos a toda velocidad. Estaba seguro que su padre estaría en su camarote. Le contaría que tenía nuevos amigos y que le gustaba mucho Emma.


Abrió la puerta esperando encontrar a su padre hablando por teléfono o escribiendo con el ordenador. Lo que vio, no le gustó nada. Su padre y Lucía se revolcaban sobre la cama semidesnudos.


Capitán Miller: Oh, me tengo que levantar. Estamos a punto de salir y me esperan en el puesto de mando.
Lucía: Sí, yo también debería hacer un pensamiento. Tengo muchas cosas que hacer. Leire está algo verde y es capaz de dejarse a alguien en tierra.
Capitán Miller: Mmm, podría pasarme horas y horas tumbado a tu lado.


No podía creer lo que estaba viendo. Su padre estaba traicionando a su madre con otra clack. Su pobre madre debía estar triste en el cielo, llorando por haber sido sustituida por otra.


Lucía: Tenemos que levantarnos, no quiero que tu hijo nos pillé así.
Capitán Miller: Sí, tienes razón.
Elliot: ¡¡Papá!!


Capitán Miller: ¡Elliot! Eh, ¿qué haces ahí?
Lucía: Elliot, estábamos tomando la siesta.
Elliot: ¡¡Estás traicionado a mamá!!
Capitán Miller: Hijo, tu madre...
Elliot: ¡¡Mamá no se merece esto!!
Capitán Miller: Deja que te lo explique, hijo.
Elliot: ¡Te odio!


Elliot lloraba de rabia y tristeza. Salió corriendo dejando a su padre con la palabra en la boca.

Capitán Miller: ¡Elliot! ¡Vuelve!


Continuará...