sábado, 9 de septiembre de 2017

El destino del Pantano: Capítulo 02: Perdida

Aunque la avioneta había caído en una zona de rocas, las tierras que las rodeaban suavizaron el golpe. Aparentemente se encontraban bien, aunque muy aturdidos. 

Izan:¿Se encuentra bien?
Alicia: Sí, eso creo...

Izan salió para comprobar los daños y la zona en la que se encontraban.

Izan: Mi avioneta...


Ayudó a Alicia a salir. Kuka dio cuatro brincos y salió al exterior sin problemas. Izan la miraba furioso. Ella lo notó y le gruñó ofendida.

Izan:  Deme la mano...
Alicia: Gracias...


Alicia: No he pasado tanto miedo en mi vida...No puedo creer que estemos vivos.
Izan: Ha sido un milagro. ¿De verdad se encuentra bien?
Alicia: Sí, gracias...
Izan: Y tú, bicho...
Kuka: ¡GRRRRRRRR!
Izan: ¡Por tu culpa he perdido mi avioneta! ¡Nunca debí subirte a bordo!


Alicia: No grites a Kuka.
Izan: Esto es el colmo. ¡Ese maldito animal se lanzó sobre mi y por eso estamos aquí!
Alicia: ¡Ella no era consciente de eso!
Izan:Es cierto, ¡usted es la responsable! ¡Le dije que no aceptaba llevar bichos en mi avioneta!
Kuka: ¡GRRRRRRR! ¡Guauguauguau!
Izan:¿¡Quién compensará todas mis pérdidas!?


Alicia: Yo...le compraré otra avioneta. De verdad que lo siento...no la tome con Kuka.

Izan se apartó y se sentó de espaldas a ella en la tierra. Estaba muy enfadado y triste por lo sucedido.

Alicia: Le prometo que le compraré otra.
Izan: Quiero mi avioneta, no otra.
Alicia: ¡Solamente es una avioneta!
Izan: Usted no lo entiende...
Alicia: Estamos vivos, es lo más importante. Ahora, debemos pensar en la forma de llegar a mi cita.


Izan: Otra vez la dichosa cita...

Alicia fue hasta la avioneta y abrió el maletero.

Alicia: ¡Ayúdeme a sacar mi equipaje!
Izan:¡No me da la gana! No soy su criado.
Alicia: Que poco caballero que es usted...¡Está bien! Lo haré yo sola.


Sacó su móvil y lo encendió. 

Alicia: Llamaré a la policía para que nos rescate.
Izan: Tiene un móvil muy moderno...
Alicia: Sí, es el mejor del mercado. Es un Iphon Click Plus 9.
Izan: Ahhhh...


Alicia: Maldita sea...ha debido recibir algún golpe, no funciona... ¡Tengo una idea! Mi portátil, puedo conectarme a Internet y pedir ayuda.


Izan: Tiene un ordenador muy moderno...
Alicia: Sí, es nuevo. Un Sonclick Pavillion 6000.
Izan: Me suena a chino. 
Alicia: Es carísimo, pero de gran calidad. 


Alicia: No puedo creerlo...¡Tampoco funciona!
Izan: ¿Son de cartón? Para ser tan caros se rompen con facilidad... 
Alicia: No creo que los diseñen para que salgan intactos en accidentes aéreos.
Izan: Ya, pero la realidad es que son cacharros que no sirven para nada cuando más los necesitas. 
Alicia:¿Usted no tiene móvil?
Izan: ¿Yo? ¿Para llamar a una piedra o una mata seca del pantano?


Alicia: Pues nos habría venido bien.
Izan: Seguramente se habría roto, recuerde que los hacen de cartón.
Alicia: Pues ya me dirá que podemos hacer ahora...
Izan: Tendremos que ir andando. Puedo llevarla al lugar dónde tiene su cita, pero no será fácil ni le garantizo que llegue a tiempo. Tendremos que tener mucho cuidado, es una zona bastante peligrosa.
Alicia: No importa, debo llegar a la cita sea como sea.


Izan: Pues lo mejor será que comencemos a caminar. Es por ahí, vamos.
Alicia: Un momento, ¿puede llevar la maleta? Tengo cosas importantes en ella y pesa mucho.
Izan: Le recomiendo que la abandone.
Alicia: ¡No pienso hacer eso!
Izan: Pues yo no pienso llevarle nada. Recuerde, no soy su mayordomo.
Alicia: ¡Al menos podría llevar el maletín!
Izan: No soy su mayordomo.
Alicia: ¡Váyase al cuerno!


A pesar de la pérdida de su querida avioneta, Izan sonrió. Le hacía gracia la forma de enfadarse de Alicia.


Llevaban dos horas caminando. Izan llevaba un buen paso, decidido y sin atisbo de cansancio. Alicia sin embargo, caminaba lentamente. Le dolían los pies por culpa de los zapatos. Eran unos Manolo Clickani, preciosos, pero muy incómodos. Sudaba en abundancia y se moría de sed.


No podía más, así que llamó a Izan y le pidió un momento de descanso. 

Alicia: Izan...por...favor...necesito descansar...
Izan: Está bien, pero solamente un momento. Es una zona peligrosa para descansar.


Alicia: Cargar con estas maletas lo complica todo mucho más...
Izan: Debería abandonar algunas cosas. Nos ralentiza el paso.
Alicia: No puedo deshacerme de nada. Ahí tengo mis trajes, ropa y enseres personales. 


Izan: No debería atarse tanto a las cosas materiales. Cuando uno se muere, no se puede llevar nada de eso al otro mundo.
Alicia: Necesito mi plancha para el pelo, mi maquillaje, mi crema hidratante...
Izan: Ahora no necesita nada de eso...
Alicia: ¿Podría llevarme aunque sea el maletín?
Izan: No puedo caer en la misma ilógica en la que está usted. ¿Para que cargar con algo que no vale para nada? No tiene sentido.
Alicia: Es usted un caso...


Unos ruidos interrumpieron su conversación. Un ser enorme se acercaba a ellos. Se trataba de un caballero de unos tres metros vestido con una armadura. Sus dimensiones eran grandiosas. No se podía vislumbrar ni un milímetro de su piel y su rostro. Portaba una gran espada y un escudo acorde con su tamaño.

Alicia: Por todos los clicks...
Izan: ¡Debemos escondernos! 


El caballero caminaba hacia ellos, enfurecido. Respiraba fuertemente, como si de un caballo agotado se tratase. Elevaba su espada esperando encontrar una presa a la que darle muerte.


Alicia: ¿Qué es eso?
Izan: No lo había visto nunca...ye le he dicho que hay zonas del Pantano que son peligrosas. Si nos descubre, estamos perdidos...
Alicia: Tengo mucho miedo...
Izan: No tema. Si nos descubre, corra en esa dirección sin mirar atrás. Yo intentaré entretenerle. 
Alicia: ¡Kuka! ¿Dónde está?
Izan:¿El bicho? No lo sé...
Alicia: ¡Tenemos que encontrarla!
Izan: ¡Shhhh! Si nos movemos estamos muertos. Le prometo que la buscaremos.
Alicia: Kuka...


El enorme caballero caminó hasta situarse sobre ellos, encima de unas rocas.Permanecieron en silencio, temiendo que en cualquier momento se abalanzase sobre ellos.Sin embargo, el extraño ser se mantuvo quieto respirando fuertemente. 


Finalmente dio media vuelta y se marchó por dónde había venido. Los dos respiraron más tranquilos cuando lo vieron alejarse.

Alicia: Ha ido por poco...
Izan: Sí... se me sale el corazón del pecho. Ha sido muy valiente, señorita Alicia.
Alicia: Puedes tutearme, si lo deseas...
Izan: Te lo agradezco...
Alicia: No habría sobrevivido en este lugar si no es por ti...
Izan: Bah, no es para tanto. 


Alicia: ¡¡Kuka!!

La perrita se acercó hasta ellos temblando. Se había escondido tras unas rocas totalmente atemorizada.

Alicia:¿Dónde te habías metido? ¡Oh, Kukita! Estás temblando...
Kuka: ¡Guau guau!


Alicia la abrazó con cariño y la tranquilizó.

Izan: Quieres mucho a esa perrita, ¿no?
Alicia: Sí...es como mi hija.
Izan: Una persona que ama a un animal, debe ser buena. Eso refleja que tienes buen corazón.
Alicia: Bueno...yo no diría tanto...
Izan: Un corazón oscuro no puede amar a los animales. 


Siguieron  caminando. Alicia lo hacía unos metros más atrás que Izan. Le estaba costando horrores caminar en un entorno así. Echaba de menos su casa, su coche...su hermana. Kuka parecía estar encantada. Caminaba olfateando todo sin quejarse. 


En determinado momento, Alicia soltó la maleta. Estaba tan cansada que se le escurrió de las manos. Las tenía sudorosas y doloridas. Se detuvo para observar la maleta en el suelo, y tras pensarlo un momento, la abandonó.

Alicia: Al cuerno con la maleta.


Pasados unos minutos, Izan se detuvo. Instó a Alicia para que repusiese fuerzas observando las vistas. Se podía ver una perspectiva del pantano única y muy especial.

Izan: No me digas que no es precioso.
Alicia: Sí, no puedo negarlo. 
Izan:¿Y la maleta?
Alicia: Tenías razón, no la necesito para nada. En el maletín tengo los documentos, es lo único que importa.
Izan: Amo este lugar desde siempre. Lo he defendido de sus detractores y de aquellos que han intentado destruirlo. 
Alicia:¿Tantos intentan destruírlo?


Izan: Una empresa ha conseguido hacerse con el Pantano. Payaso Demonio perdió estas tierras sin que nada pudiese hacer para evitarlo. ¡Fue una injusticia! Este lugar merece ser conservado. Aquí viven muchas formas de vida y morirán si se les arrebata su hogar. ¿A caso es más importante el dinero que la vida? ¿Es más importante que la naturaleza? 
Alicia: Pues...¿Y sabes quién se ha quedado con estas tierras?
Izan:Sí...una mujer despiadada. 
Alicia: ¿Despiadada? ¿No estás exagerando?
Izan: Además...sé que perderé mi trabajo, mi casa, mi vida...
Alicia: Izan...yo...tengo que decirte...
Izan: Es mejor que sigamos caminando o no llegarás a tiempo a esa cita.


Siguieron su camino. Alicia estaba cansada, pero también se sentía muy mal. Era consciente de lo mal que había hecho las cosas su padre, pero ella estaba siguiendo el mismo camino. Intentó quitarse ideas sentimentales de la cabeza y pensar fríamente. La venta del Pantano era su gran oportunidad para cerrar un negocio redondo.Los inversores se echarían las manos a la cabeza si dejase escapar un trato tan rentable.


Otra vez se detuvo. Se sentó en el árido suelo importándole bien poco que se pudiese manchar. Dejó el maletín a su lado y tomó aire.

Izan:¿Te encuentras bien?
Alicia: Necesito respirar un poco, nada más.


Izan: Todavía estamos lejos del punto de encuentro. Descansa un poco si lo necesitas.
Kuka: ¡Guauguau!
Alicia: Kuka también necesita un descanso.


Izan agarró el maletín y le sonrió.

Izan: Está bien,llevaré tu maletín. Si es tan importante como dices...
Alicia: Lo es...Gracias, Izan.

Le tendió la mano para ayudarla a levantarse.

Izan: Vamos, no debemos perder mucho tiempo. Te prometo que pronto estarás de vuelta en casa.


Siguieron su camino. Alicia no podía dejar de pensar. Estaba engañando a Izan. Era ella la mujer despiadada que él tanto despreciaba. Por su culpa había perdido su avioneta y pronto lo perdería todo. Pensó en ofrecerle un puesto en algún departamento de sus oficinas. También se le ocurrió añadir una cláusula en el contrato que obligase al vendedor a contratar a Izan en el complejo turístico. Tanto pensó, que se perdió. No veía a Izan y Kuka por ningún lado.

Alicia:¿Izan? ¡Izan! ¡Kuka!


Un monstruo verde sin piernas volaba por la zona. No tenía alas, pero no las necesitaba. Se deslizaba como un pájaro sin ningún tipo de problemas. No tenía piernas pero sí dos brazos. Con ellos cogía hormigas y se las comía. Estaba gordo y tampoco era demasiado grande. Tenía una gran boca y sus ojos no dejaban de buscar cualquier cosa para comer.


Cuando la vio, gritó sorprendido. Dejó lo que estaba haciendo y se dirigió hacia ella a gran velocidad. El monstruo gritó de alegría y Alicia de terror.


Alicia: ¡Socorro!

Corría lo más rápido que podía, pero aquel monstruo era realmente rápido.


Aprovechando una zona con muchos árboles secos, se escondió tras uno. Aquel monstruo verde la buscaba con desesperación pero por suerte, no dio con ella.


Se alejó sigilosamente de aquel lugar intentando no llamar la atención del monstruo verde.
Cuando estuvo lejos, llamó de nuevo a Izan. Estaba desesperada.


Alicia no se percató, pero el ser verde le había encontrado. Estaba a punto de lanzarse sobre ella cuando algo se lo impidió. Siguió caminando ajena a lo que estaba ocurriendo.


Llevaba un buen rato caminando sin rumbo fijo cuando notó que alguien la seguía. De pronto, unos seres extraños aparecieron tras los árboles. Eran tres dragones con armaduras. Medían unos 3 metros y lucían unas alas enormes. Caminaban sobre dos patas y con las otras lanzaban rayos de fuego. Lucían unos colmillos largos y peligrosos y la miraban con deseo. Dos eran negros y amarillo y el otro azul.


Alicia: Esto no puede estar ocurriendo...

El de color azul abría la boca para asustarla. Se relamía al imaginarse probando su carne.


La rodearon rápidamente. Los miraba muy asustada pero también muy fascinada. Jamás había visto unas criaturas tan asombrosas. Sabía muy bien cuales eran sus intenciones y si no actuaba rápidamente, sería devorada en cuestión de segundos.


Salió corriendo sin mirar atrás. Eran tres, podían volar y eran mucho más rápidos que ella. En cualquier momento la atraparían. Sin embargo, corrió con todas sus fuerzas para salvar su vida. No estaba dispuesta a morir sin haber luchado.


No miró atrás y por eso no se percató de nada. La misma criatura que le había salvado del monstruo verde,se había interpuesto entre ella y los dragones. Se trataba de un ser pequeño y azul, con largas orejas que colgaban a los lados. Los dragones fueron sorprendidos y en seguida se centraron en él.


Alicia corrió sin parar. Sentía que el corazón se le salía del pecho y le faltaba la respiración. El sol abrasador jugaba en su contra por lo que ya no tenía las energías para seguir luchando. Cayó sobre unas rocas exhausta.  Algo se acercaba hacia ella, pero no se sentía capaz de seguir corriendo. Pensó en su hermana, en Kuka...esperaba al menos que la recordasen con cariño. De pronto, alguien la agarró y la empujó tras unas rocas. 


Era Izan, que le tapaba la boca para que guardase silencio. Kuka estaba junto a él, moviendo la colita encantada de volver a verla. De pronto, el dragón azul apareció. Seguía el rastro de Alicia y este le había llevado hasta allí.


Izan: Shhh, soy yo. No hables. 

Alicia asintió con la cabeza y permaneció muy quieta y en silencio. Aunque sabía que se encontraban en peligro, entre los brazos de Izan se sintió por fin segura. Deseaba abrazarse a él y permanecer así de por vida.


El dragón miró alrededor y tras esperar unos eternos minutos, se marchó. Los dos respiraron aliviados cuando lo vieron alejarse.


Alicia: Estaba muy preocupada, ¿dónde os habíais metido? Os he buscado por todas partes.
Izan: Nosotros también lo estábamos. Te hemos estado buscando todo el tiempo. No sé que es lo que pasó, pero te perdí de vista...quizás caminaba demasiado rápido. 
Alicia: Lo he pasado muy mal...Una extraña criatura verde me perseguía y luego tres dragones. Pensaba que iba a morir... Gracias por salvarme una vez más.
Izan: Debes darle las gracias a Kuka. Ella me guió hacia ti.


Alicia: ¡Oh, mi Kuka!
Kuka: ¡Guau guau guau!
Izan: Toma, tu maletín. He cuidado de él todo este tiempo.
Alicia: ¡Mi maletín! Gracias, no sabes lo importante que es para mi.
Izan: Me alegra que estés bien. Temía que te hubiese ocurrido algo...


Alicia: Pero no fue así. He vivido momentos angustiosos, pero estoy viva. Izan, compensaré todo lo que estás haciendo por mi, te lo aseguro.
Izan: Hasta que no te encuentres en sitio seguro, no me agradezcas nada. 
Alicia: Menudas pintas llevo...estoy espantosa.
Izan: Estás preciosa.
Alicia:¿En serio?
Izan: Por supuesto. Jamás había visto una mujer tan bella como tú.

Los dos permanecieron en silencio. Izan no creía que hubiese podido decir eso. Lo había dicho sin pensarlo demasiado. Es lo que sentía y así le salió. Alicia se puso colorada. No esperaba que Izan le pudiese decir algo así y le pilló por sorpresa. No supo que contestar  ni  dónde mirar.

Izan: Lo siento, no debería...
Alicia: Gracias, Izan. Eres muy amable...
Izan: De nada...Bueno, deberíamos seguir caminando si queremos llegar a tiempo a esa cita.
Alicia: Cierto.


Izan: Creo recordar que por esta zona viven...


Alguien le golpeó en la cabeza con una enorme piedra y cayó al suelo inconsciente. Alicia gritó sorprendida y Kuka gruñó furiosa. 


Era un animal grande, muy grande y de una fuerza descomunal. Alicia quiso ir a socorrer a Izan, pero el animal la cogió como un saco de patatas y se la puso al hombro. La agarró con fuerza mientras Alicia forcejeaba. Pataleaba y le propinaba puñetazos, pero el ser se la llevó a toda prisa sin problemas.  


Continuará...