sábado, 14 de julio de 2018

Vacaciones en el mar - Capítulo 12: Pillados

Lucía apuntaba en la lista a todos los pasajeros que se bajaban del barco. Rafa era uno de ellos. Estaba buscando a Amy. Se había ido junto a Jean a la isla y quería volver a verla, aunque fuese de lejos. 


Desde las escaleras del barco la vio. Estaba en la cabaña en la que momentos antes habían estado las Neohippies. Parecía seria y preocupada. Se imaginaba muy bien lo que podría estar pensado. En su triste vida con Jean y su terrible pasado. Tenía que rescatarla de un futuro tan desmoralizador. 


Jean estaba con ella, haciendo fotos al loro.

Jean: ¡Mira que loro tan grande! Estas fotos están quedando geniales.
Amy: Sí...
Jean: ¿Te encuentras bien?
Amy: Sí, estoy bien.
Jean: Pues no lo parece. Sigues muy rara. ¿Hay algo que quieras decirme?
Amy: Eh...no.
Jean: Es importante que me digas las cosas, no sé leer la mente ni soy adivino.


Amy: No es nada, de verdad.
Jean: Bueno, yo me voy a dar una vuelta bien larga por la isla. Te quedas aquí sola, ¿de acuerdo?
Amy: Que sí.
Jean: ¿Estarás bien?
Amy: Sí. Ya puedes irte.


Rafa vio como Jean se marchaba y aprovechó para acercarse a Amy.

Rafa: Hola.
Amy: Hola...
Rafa: Vamos a otro sitio más tranquilo.


Fueron a una zona tranquila y allí se besaron. 

Rafa: Te deseo, vamos a mi camarote.
Amy: No podemos hacer eso... es demasiado peligroso. No quiero que Jean nos descubra, Rafa.
Rafa: Al cuerno con Jean.
Amy: Rafa, no sé si todo esto es un error. Deberías alejarte de mi, te mereces alguien mejor que yo.
Rafa: Tonterías.


Jean: Lo sabía.

Jean los sorprendió abrazados. Rafa se quedó en shock, sin saber muy bien lo que hacer. Jean aprovechó ese momento para darle un puñetazo en la cara.


Rafa cayó al suelo. No había sido capaz de esquivar el golpe y estaba dolorido y humillado sobre la arena.

Amy: ¡¡No le pegues!! 
Jean: Roba clacks...No te acerques a mi novia o te juro que del próximo golpe no te levantas.
Rafa: Ah...
Amy: ¡¡Estás loco!! Rafa, ¿estás bien?


Jean agarró a Amy del brazo y se la llevó a la fuerza.

Amy: ¡Rafa, lo siento!

No pudo evitar ponerse a llorar al ver a Rafa intentando recomponerse.

Jean: ¡Deja ya el maldito teatro! 
Amy: ¡¡Le has pegado!!
Jean: Se lo merecía.


Elliot se encontró a Emma y le pidió que le acompañase a ir a la isla. Finalmente accedió y se reunieron con Willy, que estaba solo. Renzo y Kimberly seguían metidos en el agua.

Emma: Me tienes que contar otra vez la historia, Elliot. ¡Es mega divertida!
Elliot: ¡Vale!
Willy: ¿Qué historia?
Emma: Esa en la que os encierra en un camarote.
Elliot: Al principio le quería decir a mi padre lo que pasaba, pero Renzo me convenció de que les ayudase.
Emma: Hiciste bien, el pobrecito estaba desesperado por encontrar a Kim.
Elliot: Sí, el amor es lo más importante. Eso me lo dijo mi madre, que ahora está en el cielo.
Emma: Lo siento, Elliot. Tu mamá era una mujer sabía y tenía toda la razón del mundo.


Capitán Miller: Elliot parece entretenido. 
Lucía: Sí, se lo pasa bien con esos adolescentes.
Capitán Miller: ¿Que le parece si le releva Leire y se viene conmigo para solucionar asuntos importantes?
Lucía: Me parece una idea fabulosa, mi Capitán.


Lucía dejó a Leire al cargo con la excusa de tener que solucionar asuntos importantes.

Lucía: Debo atender un asunto delicado, Leire. Te quedas al cargo. Cualquier incidencia, me llamas.
Leire: De acuerdo.


Alicia cuadraba cuentas de algunos de sus negocios con el ordenador. Estaba en el bar del barco, pero estaba tan centrada en su trabajo que no se percataba de nada de lo que le rodeaba. Habían niños pidiendo helados a grito pelado en la barra pero su concentración era tal, que no le molestaba. 


Izan llevaba puesto su bañador. Le acompañaba Cecilia, que lucía un precioso bañador lila que le realzaba la figura.

Izan: ¡Alicia!
Alicia: ¿Eh? ¡Izan! Me has asustado.
Izan: Es que llevo un rato llamándote pero no respondes.
Alicia: Perdona...
Izan: ¿Te vienes a la isla?
Alicia: ¿La isla?
Izan: Sí, isla Tortuga.
Alicia: No puedo, cariño. Si eso, baja tú y luego te busco.
Izan: Me voy con Cecilia.
Alicia: Vale. En seguida voy.


Izan: No entiendo para que narices hemos hecho este viaje.
Alicia: Pues para estar juntos. Solamente estoy trabajando un poco...
Izan: No es verdad, Alicia. Pensaba que yo te importaba un poquito más...
Alicia: Izan...


Alicia lo vio marcharse enfadado junto a Cecilia y algo en su interior le puso en alerta. No estaba haciendo las cosas bien.


Lilu llevaba un rato buscando a Duque. Prácticamente no habían hablado desde que discutieron y ella tenía la esperanza de poder arreglar las cosas. Lo encontró en la isla, mirando al mar muy pensativo. Le daba miedo hablar con él, pero no quería seguir así. 


Lilu: Estás aquí. No te encontraba.
Duque: Necesitaba estar solo.
Lilu: Ya veo...¿Puedo quedarme un rato contigo? Prometo no molestar.
Duque: No sé si es buena idea, Lilu. Lo siento, pero sigo pensando de la misma forma. Las cosas no van bien entre nosotros y creo que no nos merecemos esto.
Lilu: No estamos tan mal, cari. Discutimos como todo el mundo.


Duque: No es solo eso, Lilu. Formamos parte de mundos muy distintos. No encajamos, no me siento cómodo.
Lilu: Los polos puestos se atraen, Duque.
Duque: La atracción no lo es todo, y lo sabes. He empezado a aborrecer nuestra vida, las cosas que hago para que te sientas bien.
Lilu: Duque...¿Tan mal lo ves todo?
Duque: Es la realidad. Además...
Lilu: ¿Qué?


Duque: Nada, mejor que no me preguntes.
Lilu: Mira, deja que yo lo arregle todo. Solamente es una crisis muy tonta y pasajera. Podemos ir un rato al spa y relajarnos. Nos tomamos un mojito y luego nos tumbamos y contemplamos el mar. Se nos pasará todo, te lo prometo.
Duque: Es ridículo, Lilu. Un mojito no solucionará lo nuestro.
Lilu: ¡Pero no seas tan negativo! Pon de tu parte, las cosas se pueden arreglar.


Duque: ¡Sigues en tu mundo de color de rosa! ¿No te das cuenta? Es precisamente esto lo que me agota, que no me entiendes, que parece que hable para una pared.
Lilu: Pero...
Duque: Por favor, intenta no molestarme. Necesito estar solo.


Duque se marchó muy enfadado. Subió las escaleras al barco ante la asombrada mirada de Lilu.

Lilu: Duque...¿En que momento te he perdido?


No podía dejar de llorar. En su interior sabía que algo así podía suceder y le aterraba la idea de perder a Duque.Pensó en escribir a Hilary y contarle todo, pero recordó que se habían enfadado.

Lilu: Mi vida se está yendo al garete...



Beatriz e Ignacio también estaban de turismo en la isla. Nicole los observaba disimulando. Deseaba que la mujer de Ignacio desapareciese para estar juntos.

Ignacio: Estas cuevas son espectaculares.
Beatriz: ¿Eso que hay en el suelo es sangre?
Ignacio: No lo creo, debe ser barro.
Beatriz: Esta cueva me da escalofríos. Vamos a ver lo que hay al otro lado de la isla.
Ignacio: Ve tú, yo quiero ver un poco más esta zona.
Beatriz: No te metas ahí, que puede ser peligroso.
Ignacio: No te preocupes amor mío, tendré cuidado.


Beatriz llevaba puesto su bañador e iba descalza. Disfrutaba con el tacto de la arena en la planta de sus pies. Aquello le relajaba tanto como un masaje. Ignacio deseaba que desapareciese cuanto antes. "Vete al cuerno de una vez, pesada" pensaba nervioso.


Cuando Beatriz se fue, Nicole entró en la cueva y llamó a Ignacio.

Nicole: Es el momento. Aprovechemos que no está tu mujer.
Ignacio: Bien pensado. A ver si pasea su gordo y viejo culo lejos de aquí y nos deja en paz. Ven conmigo, princesa mía.
Nicole: ¡Ignacio! ¡Me vuelves loquita!


Renzo: Huy, mira esos dos...¡Se están enrollando en esa cueva!
Kimberly: Que mal gusto tiene, se está liando con un viejo...


Renzo: Kim, el amor no tiene edad.
Kimberly: Eso es una tontería. Un momento...
Renzo: ¿Qué pasa?


Kimberly: ¡Papá! ¡No me lo puedo creer!
Ignacio: ¡Hija! ¿¡Qué narices haces aquí!?
Kimberly: ¡Eso mismo digo yo! ¡Le estas poniendo los cuernos a mamá con esa lagarta!
Ignacio: No es lo que piensas...


Kimberly: Eres un cerdo.
Ignacio: Ten cuidadito con lo que dices. ¡Soy tu padre!
Kimberly: Un padre que se acuesta con lagartas. ¡Se lo diré a mamá!
Ignacio: Haz lo que quieras, pero si lo haces...olvídate de vivir la vida que llevas. Puedo dejaros sin nada y que vivas con lo justo. ¿De verdad quieres renunciar a una vida tan cómoda?
Kimberly: Pues... No diré nada, pero quiero que me subas la paga.
Ignacio: Ya lo hablaremos. Ahora cierra la boca y no digas nada. Y espero que tu noviete sepa mantener el pico cerrado.
Kimberly: No dirá nada.


Izan y Cecilia se tumbaron sobre la hierba. Aunque lo ocurrido con Alicia le había deprimido, Cecilia conseguía hacerle sonreír. 

Cecilia: Me tropecé en mitad del escenario. Me pidieron que grabase el concierto de unos compañeros de clase y al intentar tomar un plano más cercano, me caí. Uno de esos cables enorme tuvo la culpa. El ridículo fue descomunal. Se burlaron de mi durante semanas. 
Izan: Yo me he visto en peores, te lo puedo asegurar.
Cecilia: ¿Estás más animado?
Izan: Un poco. Mi mundo se tambalea. Me he centrado tanto en Alicia que ahora me siento perdido...todo parece perder el sentido.
Cecilia: Dale tiempo, yo creo que reaccionará. 
Izan: ¿Cuando lo hará? No me hace caso, es como si no existiese para ella.
Cecilia: Las clacks a veces somos muy complicadas.


Izan: Acabaré volviéndome loco.
Cecilia: Venga, no te agobies. Si quieres, luego vamos juntos al espectáculo. Nos tomamos un cóctel y a bailar que la noche es joven.
Izan: ¿Ves? Eso es justo lo que yo quiero...que se tome la vida así, como tú.
Cecilia: Cada click es un mundo. Yo no soy ejemplo de nada, mi mundo es muy desordenado. Sería algo así como un mundo inventado por Jim Henson. ¡Jajajaja!
Izan: ¡Jajajajaja! ¿Quién es Jim Gerson?
Cecilia: Venga, que te doy otro masajito.
Izan: Eres un encanto, Cecilia.


Alicia bajó del barco y fue en busca de Izan. Cuando lo vio con Cecilia, con su cabeza sobre sus piernas y ella haciéndole un masaje, una furia salvaje y descontrolable se apoderó de ella.


Alicia: ¡¡Maldito cerdo!! ¡¡Está tonteando con esa!!


Continuará...

sábado, 7 de julio de 2018

Vacaciones en el mar - Capítulo 11: Isla Tortuga

Renzo, Willy, Kimberly y Emma subieron a cubierta para ver la isla Tortuga. No era una isla demasiado grande, pero era un lugar paradisíaco y con un gran encanto. Sus playas eran cristalinas, su arena fina y podías disfrutar de las sombras de sus palmeras y variada vegetación. Además, era famosa por sus profundas cuevas repletas de escondrijos.

Renzo: ¡Cómo mola!
Kimberly: Me pienso hacer mil fotos para el instaclick.
Emma: Es preciosa.
Willy: Pensaba que era más grande.


Capitán Miller: Oficial.
Lucía: Sí, mi Capitán.
Capitán Miller: Prepare todo para atracar en isla Tortuga. Recuerde pasar lista de cada uno de los pasajeros que decidan bajar.
Lucía: Sí, mi Capitán.

El Capitán le guiñó el ojo y Lucía le sonrió con complicidad. 


Los pasajeros se asomaban curiosos para ver cómo se aproximaban a la isla.

Renzo: ¡Mirad, un loro!
Emma: ¿Será de un pirata?
Willy: También hay hamacas.
Kimberly: ¡Me pido una!



Sin que nadie se percatase, Sinéad y Eros se lanzaron al agua. Tenían ganas de salir por su cuenta y descubrir esa isla, así que nadaron hasta llegar a la orilla. No querían ser vistos, por lo que salieron por la parte contraria a la que se dirigía el crucero.

Eros: ¡Me has ganado!
Sinéad: Ya sabes que en el agua soy como una sirena.


Se sentaron en la orilla para relajarse un rato. Sinéad estaba muy nerviosa y hacía tiempo que no se encontraba bien.

Eros: ¿Estás mejor?
Sinéad: Nadar en aguas tan frías me ha venido muy bien, pero sigo mal. Mi ansias por beber son incontrolables.
Eros: Espero que no nos ocurra lo mismo que en aquel submarino...
Sinéad: No quiero que eso vuelva a ocurrir, Eros.
Eros: No te preocupes, yo te vigilaré.
Sinéad: No entiendo que puedas tener tanto autocontrol. 
Eros: Concentración y mente fría, Shiny.
Sinéad: No quiero ser un monstruo ni hacer daño a nadie...
Eros: ¡No eres un monstruo! Eres el ser más maravilloso del mundo. 


Se levantaron y se asomaron por una estrecha y profunda cueva.

Eros: Está muy oscuro.
Sinéad: ¿Vamos a investigar? Al menos los pasajeros del crucero estarán a salvo por un tiempo de mis ansias de comer.
Eros: ¡Jajajaja! Eres muy considerada, Shiny. Venga, vamos a investigar.


Felipe le contaba a Demetria lo torpe que era en el agua. Ella se reía con su divertida forma de contar las cosas.

Felipe: Mi madre dice que nado como un pato mareado, ¡y no le falta razón! No tengo coordinación para mover los brazos y flotar al mismo tiempo.
Demetria: ¡Jajajajaja! Yo tampoco soy una gran experta. Sé nadar, pero lo justo para no ahogarme.
Felipe: ¿Te apetece bajar conmigo y visitar la isla?
Demetria: ¡Síi! Lo estoy deseando.


Lucía tomaba nota de todos los pasajeros que bajaban del barco. Renzo y sus amigos salieron disparados escaleras abajo. Estaban deseando pisar tierra firme y disfrutar de la isla.

Renzo: ¡Kim, espera!
Kimberly: ¡Eres muy lento!
Willy: ¡Yupiiii! ¡Esto es una pasada!



Demetria y Felipe fueron hasta una cabaña de madera y observaron desde allí la isla. Las vistas al mar eran espectaculares. La brisa marina revitalizaba sus pulmones.


Demetria: Esto es de ensueño.
Felipe: Es un lugar hermoso, pero mucho más si tú estás aquí.
Demetria: Felipe, eso es mentira...pero muchas gracias.
Felipe: Es la verdad. Mis ojos no me engañan y mi corazón tampoco.

Gabi los vio allí juntos, cerca el uno del otro. No pudo evitar desanimarse otra vez. 


Felipe: Demetria, quizás voy demasiado deprisa, pero quiero besarte.

Demetria enrojeció al momento. Una parte de ella lo quería besar, pero otra le alertaba que no debía hacerlo. La última vez que se dejó llevar por el amor le hicieron mucho daño.

Demetria: Felipe...

Felipe la besó casi sin que a ella le diese tiempo a procesarlo. La besó con fuerza y le metió la lengua sin que ella se lo esperase. Gabi miraba entristecido la escena.


Blas y Jano observaban escondidos como su amigo y Demetria se besaban.

Blas: ¡La ha besado! Menudo estómago tiene el colega.
Jano: Menudo estómago tiene el colega. ¡Si es muy fea! A esa no la toco ni con un palo. Yo preferiría perder la apuesta. No entiendo que existan clacks tan feas. Deberían meter a todas las feas en una nave y mandarlas a la luna. Que digo la luna, a marte.
Blas: Alucino.
Jano: Pues alucina todo lo que quieras, pero te está ganando, tío.


Blas: Es que no pensaba que fuese capaz de besar a una famobil tan fea. Si él mismo reconoció que le da asco.

Gabi pasaba justo en ese momento y escuchó toda la conversación.

Jano: Vas a perder la apuesta.
Blas: Es que esta famobil se deja querer por cualquiera, debe estar desesperada.
Jano: Claro, al ser tan fea nadie la quiere.
Blas: A ver cómo se la quita de encima cuando termine todo esto. Tiene pinta de ser enamoradiza. No pienso dejarme ganar por Felipe, esos 600 cleuros tienen que ser para mi.

Gabi no podía dar crédito a lo que estaba escuchando.


Renzo y sus amigos disfrutaban de las playas cristalinas de la isla. Willy se había puesto el bañador y ya se había dado un buen baño. 

Willy: El agua está muy buena.
Emma: Yo no me meteré...


Willy: ¿Te da miedo el agua?
Emma: No, es que tengo muchas manías y no me apetece quitarme la ropa.
Willy: Vaya...pues te pierdes un buen baño. El agua está genial y te refresca mucho.


Kimberly: ¿No te parece idílico? Tú y yo en una isla paradisíaca y viviendo nuestro amor verdadero como los famosos. 

Kimberly se levantó y se acercó a la orilla. Miraba el horizonte fascinada.

Kimberly: Ven a mi lado, Renzo. Necesito que me protejas. Soy tu chica y necesito sentir tu cariño.
Renzo: Voy.


Kimberly: Tenemos que hacernos muchas fotos para el instaclick. Vamos a ser los dos clicks enamorados más famosos del playmundo. Fliparán con nosotros.
Renzo: A mi eso me da igual, con estar contigo me basta.


Kimberly: ¡Oh, Renzo! Soy tan feliz, ¡te amo mucho, muchísimo!
Renzo: Y yo a ti.
Kimberly: Amor mío, dame un beso. ¡Demuéstrame todo lo que me quieres! (Susurrándole al oído) Vamos a hacer que Willy y Emma se mueran de envidia, venga, dame un beso.
Renzo: Ah, vale...

Willy y Emma observaban alucinados la escena. Emma no pudo evitar echarse a reír. Se tapó la boca con la mano para disimular y le habló a Willy en voz baja.

Emma: Parece una actriz mala de telenovela.
Willy: ¡Jajaja! Es verdad, pero de las malas malas.
Emma: ¡Oh, mi amor, soy tan feliiiz! ¡Dame un besoooo! Jajajaja.

Los dos reían sin parar. Kimberly los vio y se apartó de Renzo molesta.


Kimberly: Amor, ¿nos damos un baño?

Kimberly se quitó la ropa y se quedó en bañador. Echó una mirada asesina a Willy y Emma y se fue al agua.


Emma: ¡Cuidado con los tiburones!
Willy: Más bien, que los tiburones tengan cuidado con ella. Pueden morir con una de sus malas interpretaciones de telenovela.
Emma: ¡Jajajaja! Ay, me da envida. Nada muy bien y es guapa.
Willy: No tienes nada que envidiarle. Tú eres muy guapa. Mucho más que ella.
Emma: Ya, y yo voy y te creo.


Kimberly: ¡Youuhuuu! Renzo, ¿no vienes? ¿Me vas a dejar aquí solita?
Renzo: ¡Voy ahora mismo!


Renzo y Kimberly jugaban en el agua. Aunque en un principio Emma y Willy se habían tomado a risa la situación, en esos momentos empezaron a sentir envidia. Willy deseaba bañarse con Emma y vivir un amor así, aunque fuese un poco tonto.


Willy: Se lo pasan muy bien.
Emma: Sí...
Willy: ¿De verdad no te apetece ir al agua? Vamos, lo pasaremos muy bien.
Emma: Lo siento, pero no puedo. Será mejor que regrese al barco. Mi abuela debe estar preocupada.


Willy: Vale, hasta luego...


En otro lugar de la isla, Blas y Jano caminaban juntos. Hablaban de Felipe y Demetria cuando se encontraron una cueva. Parecía muy profunda. El interior estaba muy oscuro y no se veía nada.

Blas: ¿Has visto, tío? Esta cueva es un pasote.
Jano: Es un pasote, tío. Da miedo.


Blas: ¿Te da miedo?
Jano: Ehhh, no. Era un decir.
Blas: Va venga, demuestra que no tienes miedo.
Jano: Tío, que no tengo miedo.
Blas: Apuesto 20 celuros a que no eres capaz de entrar.
Jano: Sí soy capaz.
Blas: Pues hazlo.


Jano entró un par de metros y se detuvo.

Jano: ¿Lo ves? Me debes 20 cleuros.
Felipe: ¿Estás tonto? ¡Eso y no entrar es lo mismo! Entra hasta que yo te diga que te detengas.


Jano: Tío, que está muy oscuro...
Blas: Lo sabía, eres un cagao.
Jano: ¡No soy un cagao! Vale, ya me dirás cuando paro.


Blas: Sigue caminando.
Jano: ¿Ya?
Blas: No, sigue caminando.
Jano: ¿Ya?
Blas: No seas gallina y sigue.
Jano: ¿Ya? (Su voz se escuchaba lejos?
Blas: ¡Sigue caminando!


Caitlyn: Hola, Blas.
Blas: ¡Caitlyn! ¿Qué haces aquí?
Caitlyn: Paseando.
Jano: ¿Ya?
Blas: Estás preciosa.
Caitlyn: Gracias.


Jano: ¿Ya? ¿Hola? ¿Quien anda ahí? (su voz casi no se escuchaba en el exterior de la cueva?
Caitlyn: ¿Quieres pasear conmigo? 
Blas: Me gustaría mucho.
Jano: ¡Ahhhhh!

Algo agarró a Jano por la espalda y lo inmovilizó. Sinéad se asomó al exterior de la cueva a ver si alguien lo había escuchado gritar.


Caitlyn: ¿Has escuchado esos gritos?
Blas: ¿Gritos? Deben ser los latidos de mi corazón, que parecen gritos desesperados por tu amor.
Caitlyn: Menudas salidas tienes, zalamero. Vas bien, sigue así y a lo mejor tienes alguna oportunidad conmigo.
Blas: Seguiré esforzándome.
Caitlyn: Vamos, caminemos por la orilla.


Jano intentaba zafarse de Sinéad y Eros. Estaban sedientos y encontrar a Jano en el interior de la cueva fue para ellos una bendición.

Jano: ¡Ahhh, socorrooo!
Sinéad: ¡Shhhhh!
Eros: No deberíamos hacer esto, pero es que estoy sediento...la concentración y la mente fría no me han valido para nada...me muero de sed.
Sinéad: Y yo, estoy desesperada. No te preocupes, capto que este humano es despreciable. 
Jano: ¿Qué sois? ¡Mi padre tiene una pistola y os matará cuando sepa que me habéis hecho daño! ¡Sé dar palizas y soy el mejor pegando! ¡No me toques maldito monstruo! 
Sinéad: Te lo dije, despreciable.
Eros: Vamos al interior de la cueva, allí podremos alimentarnos sin problema.


Arrastraron a Jano al interior de la cueva. Aunque se resistía, nada podía hacer para escapar.

Jano: ¡Socorrooooo!
Sinéad: Deberíamos haberle hipnotizado. 
Eros: Da igual, así es más divertido.
Jano: ¡Ahhhhh!


Cuando terminaron, sacaron el cadáver por el otro extremo de la cueva. Los dos estaban satisfechos y más tranquilos.


Las amigas Neohippies también bajaron a la isla. Fumaban y reían sin parar. No podían dejar de fumar porros.

Afra: Hermanas, este es el puñetero paraíso.
Paloma: Me bañaría en bolas.
Afra: Hazlo, tía. Déjate llevar y flipa.


Silvana: Hola lorito.
Loro: ¡Humo, mucho humo!
Silvana: Oh, son los porros. Tías, le molesta el humo.
Paloma: ¡Soy viento, tierra y fuego! ¡Madre tierra, soy tuya!
Afra: Hermana, tú si que sabes flipar.
Silvana: Lo siento, lorito. Estamos muy fumadas.


Sinéad: ¿Qué hacemos con el cuerpo?
Eros: Lo llevaré a las profundidades del mar. Hay unos huecos en unas rocas en los que es imposible que un humano lo encuentre.
Sinéad: Perfecto.


Eros se lanzó al agua con el cuerpo sin vida de Jano y desapareció. Sinéad lo vio sumergirse en la inmensa profundidad.

Sinéad: No tengo remedio...pero es que estaba sedienta. Soy mala...


Silvana estaba viendo toda la escena. Su cara era del más puro terror.

 Silvana: No me lo puedo creer...¡Hermanas, mirad!
Paloma: ¡Soy brisa que recorre la marea en busca de la divinidad!
Silvana: ¡Hermanas!
Loro: ¡Humo, mucho humo!


Sinéad se dio la vuelta alertada por los gritos de Silvana. Al darse cuenta de que habían sido descubiertos con el cadáver, el miedo se apoderó de ella.

Silvana: ¡Eres un vampiro!


Sinéad se lanzó a agua y regresó a su camarote a toda prisa. Mientras, Silvana se debatía entre si lo que había visto era verdad o eran alucinaciones producidas por todo lo que se había fumado.


Continuará...