miércoles, 23 de mayo de 2018

Vacaciones en el mar - Capítulo 06: La clack más bonita del barco

Blas, Felipe y Jano subieron al bar para tomarse una copa y charlar. Tenían que decidir las clacks con las que intentarían ganar la apuesta. 

Blas: Felipe, ya he decidido la clack con la que tendrás que ligar.
Jano: Me lo ha dicho hace un rato. Macho, lo tienes muy complicado.
Felipe: Pues yo también he decidido.
Blas: Ya sabes que no existe titi que se resista a mis encantos. 
Felipe: Pues a ver si cae ante tus encantos la cantante del barco. Esa rubia que está al fondo.


Blas: ¡Está buenísima! Gran elección, me gusta.
Jano: Esa es difícil, Blas.
Blas: No hay clack difícil para mi.
Jano: Es verdad, perdona tío.


Felipe: Ya lo veremos. Parece una clack de armas tomar...
Blas: Es el momento de desvelarte mi elección. ¿Estás preparado?


Felipe: Dispara, tío. Yo no tengo la misma seguridad que tú, pero puedo ganar si me lo propongo.
Jano: No estoy yo muy seguro, Felipe.
Blas: Confiemos en nuestro colega, Jano.
Jano: Vale, confiamos en que lo conseguirás.
Felipe: Venga, dispara.


Blas: ¿Ves esa pelirroja de infarto que está en la barra?
Felipe: Sí, es espectacular.
Blas: La ves, ¿no?
Felipe: Sí.


Blas: Pues la que hay detrás.
Felipe: Venga ya, ¿estás de broma?

Se trataba de Demetria, que había subido al bar a tomarse algo. Se decidió por un delicioso coco loco. El sabor era refrescante, sabor a coco y con un poco de alcohol. Estaba un poco desubicada, sin saber muy bien a dónde mirar. Pensaba en marcharse a su camarote para empezar un nuevo libro y luego subir a tomar el aire en la cubierta. 

Blas: No es broma. Tienes que ligarte a esa famobil manos fijas.
Felipe: Tío, que es muy fea...
Blas: Tiene una belleza...vintage. ¡Jajajaja!
Jano: Tiene una belleza vintrarg, ¡jajajajaja!
Blas: No te rías con la boca abierta que me escupes, tío.
Jano: Es verdad, perdona Blas.


Felipe: Vamos tío, elige a otra. Esa no me gusta. No me van las manosfijas...
Blas: Te dije que yo elegiría la clack que me diese la gana. Vamos tío, alegra esa cara. Al ser famobil, seguro que estará desesperada.
Jano: Seguro que al ser famobil estará desesperada, tío.
Felipe: Está bien, lo intentaré. Ya te vale, yo te he elegido una buenorra...Voy a presentarme, a ver que tal.
Blas: ¡Ánimo, colega!
Jano: ¡Ánimo, colega!


Jano: No lo entiendo, pensaba que habías dicho que tendría que ligar con la pelirroja. 
Blas:  Es que con esa quiero ligar luego. Le dejo a la más fea y me quito competencia.
Jano: Muy bien pensado, tío.
Blas: Además, esa famobil tiene pinta de ser muy remilgada y antipática. Lo tendrá muy difícil.


Mientras Felipe iba a presentarse a Demetria, los padres de Kimberly discutían. Ignacio llevaba consigo un ordenador portátil y su móvil. Se pasaba todo el tiempo tecleando y mirando la pantalla. Su mujer lo observaba enfadada y aburrida.

Beatriz: ¿Haces el favor de dejar ya el ordenador? ¡Estamos de vacaciones!
Ignacio: De vacaciones gracias a mi trabajo.
Beatriz: Disfrutemos del viaje, Ignacio. Llevo toda la mañana aquí plantada y no me haces ni puñetero caso.
Ignacio: Debo terminar este informe, amor.


Beatriz: ¿No puede esperar?
Ignacio: No. Es muy importante. Los chinos quieren saber cuales son las estadísticas en el mercado americano y las ganancias de la empresa en Clisandia. Si conseguimos atraer al mercado chino, nuestras importaciones se duplicarán.
Beatriz: Ay, para ya. Sabes que me aburre mucho tu trabajo. No lo entiendo, este viaje ha sido idea tuya.
Ignacio: Es un regalo para ti y la niña, quiero que os lo paséis bien. 
Beatriz: Pero pensaba que...
Ignacio: No quiero aburrirte. ¿No te apetece pasear por el barco?


Beatriz: ¿Sola?
Ignacio: Yo no puedo ir, ya lo sabes. Estoy muy ocupado con esto y lo tengo que terminar. Llévate a Kim contigo.
Beatriz: Ya sabes que a ella le gusta ir por su cuenta. Está bien, me iré a pasear yo sola. Te dejo trabajar.
Ignacio: Gracias, amor. Disfruta mucho, ya me contarás.


Cuando Beatriz se alejó, Ignacio suspiró aliviado.

Ignacio: Qué pesada, pensaba que no se iría nunca. Por fin me deja solo. 


Felipe se acercó hasta la mesa en la que estaba sentada Demetria. Se quedó de pie frente a ella, pero Demetria estaba absorta en sus pensamientos por lo que no se percató de su presencia hasta que la saludó.

Felipe: Hola.
Demetria: Hola...

Felipe puso la mejor de sus sonrisas. A Demetria le pareció extremadamente guapo, por lo que se ruborizó al instante.

Felipe:  Espero no molestarte. Te he visto sentada aquí sola y he pensado en venir a saludarte. 
Demetria: Ah...

No le salían las palabras. ¿Se haría realidad su sueño? El chico era guapo y parecía muy atento y amable. Aunque estaba demasiado cortada y no sabía muy bien que debía decir.

Felipe: Perdona mi atrevimiento... Me llamo Felipe.
Demetria: Eh...yo me llamo...Demetria.

Se odió al momento, ¡estaba tan nerviosa que no se acordaba ni de su nombre!

Felipe: ¿Me puedo sentar contigo?
Demetria: Ah, pues sí...


Felipe se sentó con ella y le sonrió. Demetria se sentía muy tonta. No le salían las palabras y entre los dos se instaló un silencio muy incómodo. Finalmente, Felipe habló.

Felipe: ¿Viajas sola?
Demetria: Sí...
Felipe: Yo con mis amigos, esos de allá. Es precioso el barco, ¿verdad?
Demetria: Sí, es de ensueño. Nunca había viajado en barco.
Felipe: ¿En serio?
Demetria: Digamos que no salgo demasiado. Del trabajo a casa, poco más.
Felipe: Vaya, eso es triste.
Demetria: Bueno, me entretengo mucho viendo películas y leyendo, sobretodo poesía y novelas románticas. 
Felipe: A mi también me gusta la poesía y las novelas románticas.
Demetria: ¿En serio?
Felipe: Incluso escribo poesías.
Demetria: Eso es una pasada.
Felipe: Los destellos del amanecer son muy hermosos, pero no pueden compararse con el brillo de tus ojos.
Demetria: Oh, es precioso...


Felipe: ¿Sabes? A lo mejor te parece una tontería, pero siento una conexión especial contigo.
Demetria: ¿Una conexión?
Felipe: Cuanto más hablas, más conecto contigo. Perdona, a veces digo tonterías...
Demetria: No es una tontería...
Felipe: Es fantástico. Estoy en un crucero de vacaciones y he conocido a la clack más bonita del barco. ¿Se puede pedir más?

Demetria enrojeció y se puso a sudar. Solamente sus padres le habían llamado bonita en alguna ocasión. Por un momento desconfió. ¿Se estaría riendo de ella?


Demetria: Hay clacks más bonitas en este barco. Si te estás riendo de mi, será mejor que...
Felipe: Demetria, ¿he dicho algo malo? Perdona, no era mi intención. Para mi eres la más bella y además, desprendes una luz especial. Siento que eres una clack única.
Demetria: Gracias, Felipe.
Felipe: ¿Te apetece dar un paseo por cubierta? Aquí empieza a hacer calor, ¿no te parece?
Demetria: Vale, por mi bien.


Se levantaron y caminaron hacia la cubierta. Se olvidó de empezar un nuevo libro por completo, había captado totalmente su atención. Felipe por el contrario, saltaba de alegría. Había conseguido cautivar a Demetria, por un momento pensaba que no lo conseguiría.

Blas: ¡No me lo puedo creer! Parece que le gusta a la manosfijas.
Jano: De momento te va ganando, Blas,
Blas: Tú lo has dicho, colega. Por el momento. Allí está la cantante. 
Jano: Suerte.



Blas se acercó a Caitlyn con la seguridad que le caracterizaba. Ella lo vio venir pero no le prestó la menor atención. 

Blas: Perdona, ¿eres la cantante del barco?

Caitlyn no se esperaba esa pregunta, por lo que consiguió acaparar toda su atención.

Caitlyn: Así es, ¿por?


Blas: Me han dicho que tus actuaciones son una pasada y que eres bellísima. No me han informado mal.
Caitlyn: Efectivamente, te han informado muy bien. 
Blas: Me llamo Blas.
Caitlyn: Yo Caitlyn.
Blas: Me preguntaba si te gustaría tomar...
Caitlyn: Disculpa, tengo prisa. Un placer conocerte.


Caitlyn se marchó dejando a Blas con la palabra en la boca. No sabía muy bien si le había causado buena impresión, pero no pensaba rendirse tan fácilmente.


Mientras, Ignacio cerró su portátil y llamó por teléfono. Esperó unos segundos hasta que alguien le respondió.

Ignacio: ¿Dónde te has metido? Muy bien, voy para allá.


Vera estaba atendiendo a un hombre alto, rubio y con gafas. Vestía con corbata y traje chaqueta gris. Al principio le pareció un hombre atractivo, pero unas malas vibraciones recorrieron todo su cuerpo cuando habló.

Hombre misterioso: Camarera.
Vera: Dígame. 
Hombre misterioso: Quiero un zumo de naranja con hielo servido en copa, por favor.
Vera: Sí, en seguida...


El hombre miraba de un lado a otro, observando cada detalle de todo lo que le rodeaba. Bebió un sorbo de zumo y le dio la espalda. Vera se sintió aliviada. Prefería mantener las distancias con aquel misterioso hombre.


Amy y Jean también estaban en el bar. Bebían en silencio sin mirarse. 

Jean: ¿No piensas hablar en todo el día?
Amy: Estoy pensando.
Jean: Pues piensa rápido. Ya no eres la que eras...
Amy: Deja de atosigarme.
Jean: Estás desperdiciando un momento perfecto. ¿Se puede saber que es lo que te ocurre?
Amy: Nada...


Amy no pudo evitar mirar a Rafa, que la observaba desde la otra punta del bar. Le gustaba Rafa, y eso suponía un gran problema. Es especial, pensó suspirando.

Jean: Estás rara de narices.
Amy: Perdona, es que estoy algo distraída. 
Jean: ¿Te pasa algo conmigo?
Amy: No...
Jean: Venga, tenemos que aprovechar que estamos en este crucero. Una ocasión como esta no se repite muy a menudo. 
Amy: Tienes razón.


Rafa la miraba atento. Si veía un mal gesto o algo que no le gustase, pensaba intervenir. No dejaría que Amy sufriese a manos de ese indeseable. Sabía que interesarse en ella era igual a tener problemas, pero no lo podía evitar. 


Agnes y Artemisa disfrutaban de un cóctel preparado por Vera. Las dos sonreían y hablaban despreocupadas. Agnes se empezaba a sentir cómoda y relajada.

Artemisa: Rapaza es una palabra que me gusta muchísimo.
Agnes: Significa muchacha o chica.
Artemisa: Eres la rapaza de mi corazón. 
Agnes: Más bien la muller de tu corazón.
Artemisa: De eso nada, eres todavía una muchacha.


Agnes: Artemisiña...gracias. Siento haber estado tan...desconfiada. Es que el plan de ir de crucero no me terminaba de gustar.
Artemisa: No te disculpes, que te comprendo muy bien. Me dejé llevar y compré los billetes sin pensar en lo que a ti te gusta o quieres.
Agnes: Me alegra que no lo hicieses. En estos momentos soy muy feliz.


Artemisa: Agnes, ¿esto no te hace recapacitar un poco?
Agnes: ¿Sobre qué?
Artemisa: Sobre Galicia. Si eres feliz aquí, en mitad del océano...podremos ser felices en cualquier sitio. La felicidad está en ti, no en el lugar dónde vivas.
Agnes: Artemisiña...

Las palabras de Artemisa dañaron profundamente a Agnes. Otra vez ponía en entredicho su deseo de vivir en Galicia. No entendía lo que significaba para ella Galicia. No era simplemente el lugar dónde nació, su conexión con ella era tan vital, que cada día que pasaba sentía que moría una pequeña parte de su alma. No era un capricho, era una necesidad vital, la verdadera ilusión de su vida. No podía renunciar a Galicia, pues Galicia es su vida.

Artemisa: Lo siento, no debería haber sacado el tema...
Agnes: Me conoces muy bien, Artemisa. Sabes lo mucho que he sufrido por estar lejos de Galicia. Siento que muero si renuncio a ella. Necesito volver, necesito vivir allí. Me duele que no lo comprendas...
Artemisa: Agnes, no me malinterpretes. Te comprendo, era solamente una...


Piedad: ¡Estáis aquí! Meu querida amiga máxica.
Agnes: Hola, chicas.
Asunción: Eu tambén quero beber algo.
Justina: ¿Son cócteles de Vera?
Artemisa: Sí.
Justina: ¡Quiero uno!


Piedad: Agnes, tengo discos en cd de música galega. 
Agnes: ¿Sí?
Piedad: ¿Conoces Luar clack Lubre?
Agnes: Sí, tengo todos sus discos. Su música me llega al alma.
Piedad:Y a mi.
Asunción: A todas. Nosotras tenemos un número en gallego. Gusta mucho.
Agnes: Me gustaría mucho verlo.
Justina: Una noche de estás, la cantamos.


Piedad: A música galega é a mellor. Ay, disculpa mi gallego...hace mucho que no lo hablo.
Agnes: No te preocupes. Estoy de acuerdo, es la mejor.
Asunción: Nosotras somos de Sanxenxo.
Agnes: Lo conozco, sobretodo las playas de Portonovo. Es precioso.
Justina: No hay playas iguales. ¿Verdad, Agnes?


Piedad: ¿De dónde eres tú? 
Agnes: Soy de...
Piedad: ¡No me lo digas! Eres de...¿Ourense? 
Agnes: Sí...
Piedad: Si es que te he calado, lo sabía.
Justina: Has dudado un poco.
Piedad: Ve y revienta, hermana. Lo que tienes es envidia cochina, carallo. Yo lo sabía y tú no.
Justina: No le hagas caso, Agnes. No soy nada envidiosa.


Artemisa se apartó de la mesa. Estaba empezando a pensar que ella sobraba en la vida de Agnes. Tenía a Galicia y a sus nuevas amigas. No pudo evitar sentirse furiosa y muy, muy celosa.


Nicole estaba sola en su camarote. Se había duchado a conciencia. Quería estar perfecta para él. Se había teñido su pelo largo de azul y estaba bronceada por el sol. Llevaba puesto un vestido largo blanco que estilizaba su silueta. Deseaba encontrase con él y dejarse llevar por la pasión más desenfrenada. 

Nicole: Si mi madre supiese lo que estoy haciendo...

Alejó a su madre de sus pensamientos. No quería que nada ni nadie arruinase su viaje, aunque no fuese precisamente perfecto.


Nicole: Algún día no tendremos que escondernos y seremos felices. 

Alguien empujó la puerta y se abrió lentamente. El hombre del que estaba enamorada se asomó. Al verla, sonrió y la miró con ojos de lujuria. 


Nicole: ¿Te gusta mi pelo? He decidido hacer un cambio radical. 


Ignacio se aceró hasta ella y la miró de arriba a bajo.

Ignacio: Me gusta mucho. Estás radiante, amor mío.
Nicole: ¡Oh, Ignacio! Te echaba de menos. Pensaba que no te podrías librar de tu mujer...
Ignacio: Ya sabes lo pesada que es. La he mandado a pasear con la excusa del trabajo. Disponemos de un par de horas.
Nicole: ¡Bien!


Se revolcaron abrazados sobre la cama comiéndose a besos. Se tocaban sin dejar ni una sola parte de su cuerpo por investigar. Mientras tanto, el móvil de Ignacio sonaba. Lo tenía en silencio para que nadie los molestase. Beatriz lo llamaba para preguntarle si le apetecía apuntarse a una clase de yoga en el crucero.


Continuará...

viernes, 18 de mayo de 2018

Vacaciones en el mar - Capítulo 05: Remordimientos

Un grupo de neohippies (así se hacían llamar), habían decidido darse unas vacaciones. Gracias a los beneficios de su tienda naturalista y web dedicada a la meditación, se pudieron dar el capricho de viajar en crucero. Entraba en conflicto con sus ideales, pues rechazaban el consumismo y son casi anti-sistemas, pero no estaban exentas de las tentaciones que la vida moderna les podía ofrecer. En su camarote casi no se podía respirar. Un humo muy intenso procedente de lo que estaban fumando había tomado cada rincón.

Afra: Esto está todo wuapo, hermanas.
Paloma: Ha sido todo un acierto, chicas.

Eran cuatro amigas y se llevaban muy bien. Entre ellas existía una conexión muy intensa, aunque todo ello intensificado por la influencia de todo lo que se llegaban a fumar.


Silvana: ¿No deberíamos salir a ver las instalaciones del barco?
June: Dentro de un ratito, Silvana. Estoy entrando en trance...
Paloma: Seeeh, ya lo estoy flipando. 
Silvana: Bueno...


Blas, Felipe y Jano son amigos. Blas es rubio, con un cuerpo escultural. Hace mucho deporte y trabaja como inversor.  Triunfa entre las clacks, aunque es superficial y muy materialista. Jano es castaño y aunque no es un click feo, le cuesta más relacionarse con la gente. Tiene poca personalidad, por lo que se deja arrastrar siempre por lo que diga Blas. Trabaja en una tienda de cómics. Felipe es moreno y aunque no es tan tímido como Jano, tampoco es tan atrevido como Blas. Tenía novia, pero la dejó meses atrás. Le estaba empezando a agobiar con exigencias de compromiso. Trabaja en la empresa de su padre, pero no es que haga demasiado. 

Blas: ¿Véis? Las titis quieres un click como yo.
Jano: Triunfas entre las clacks, Blas.
Blas: Lo sé, amigo mío.
Felipe: No tienes abuela, ¿verdad?


Blas: Soy realista, no engaño a nadie. Las clacks me adoran. Pienso triunfar por todo lo alto en este viaje.
Jano: Seguro que triunfas, Blas. Yo también quiero triunfar...
Blas: Sigue mis consejos y lo harás, ya lo verás. 


Blas: Contemplad el cuerpo de un tío bueno. Lo sé, estoy de pan y moja.
Felipe: Alucino contigo.
Blas: Estoy bueno, ¿verdad Jano?
Juno: Estás de pan y moja. Yo también lo estoy. El año que viene pienso apuntarme al gimnasio.
Blas: Chicos, ¡vamos a arrasaaar! Que se preparen las clacks de este barco.
Juno: ¡Que se preparen las clacks del barco este!


Blas: Felipe, la apuesta sigue en pie. Recuerda que son 600 cleuros.
Felipe: Puedo ligar con la clack que quiera. Te lo dije. No eres mejor que yo.
Blas: Eso está por ver. Recuerda, tendrás que ligar con la clack que nosotros decidamos. Por mi parte, tendrás que decidir con la clack que tengo que ligar. Quién llegue más lejos, gana.
Felipe: Voy a ganar, de eso no te quepa la menor duda.
Blas: Pobre inconsciente. ¡Yo soy el rey de las nenas!


Sinéad y Eros decidieron que era mejor correr las cortinas de su camarote. El sol se colaba de tal forma que estaban empezando a agobiarse. Ahora, con las cortinas corridas, estaban mucho más relajados.

Eros: Shiny, ¿estás ya?
Sinéad:¡Un momento!


Sinéad se había comprado un vestido largo muy elegante.Mezclaba varias tonalidades de colores, azul marino, negro, blanco y rosa. Cuando salió, Eros la miró sorprendido. Hacía tiempo que no la veía vestir así.

Eros:¡Estás radiante, Shiny!
Sinéad: ¿De verdad?


Eros: Si el corazón me palpitase, estaría desbocado. Eres la vampiresa más bella del universo.No hay nada que te pueda hacer sombra.
Sinéad: Eros...

Sinéad se puso colorada. Eros siempre conseguía sacarle los colores. 


Eros: Estoy valorando seriamente la posibilidad de pasarme las dos próximas semanas sin salir de esta camarote. Solamente deseo disfrutar de ti, de tu cuerpo, de tu compañía.
Sinéad: No suena nada mal...
Eros: Ven aquí.

La agarró con fuerza y la lanzó sobre la cama. Se puso encima de ella y la besó. Sinéad se dejo llevar. Estaba empezando a pensar que aquel viaje había sido todo un acierto.


Kimberly tenía su propio camarote. No deseaba dormir con sus padres y tras negociarlo de forma insistente, consiguió convencerlos. Kimberly había crecido entre algodones. Estaba acostumbrada a que sus padres le concediesen todos sus deseos. Era una familia adinerada, por lo que podía conseguir prácticamente todo aquello que deseaba. En los últimos meses, su madre se había puesto más severa con ella. Había aflojado un poco en los estudios y le metía mucha presión. Su padre estaba siempre trabajando y pocas veces estaba en casa. Se dirigía a ella cuando tenía que regañarle y para poca cosa más. Eso sí, siempre accedía a sus caprichos con tal de no escuchar sus exigencias.

Ignacio: ¿Seguro que quieres dormir sola?
Kimberly: Que sí, papá...tengo 14 años.
Ignacio: Sigues siendo una niña.
Kimberly: Pues no.
Beatriz: Atiende lo que te digo, hija. Si tienes miedo o tienes una urgencia, nos llamas y estaremos aquí en un momento.
Kimberly: Vale, mamá.


Beatriz: No salgas sola sin que te acompañemos, ¿comprendido?
Kimberly: Jolines, mamá.
Beatriz: Esa boca, señorita. No rechistes o te vienes a dormir con nosotros. 
Kimberly: Vale...
Beatriz: Así me gusta, que obedezcas. 


Ignacio: Te puedes perder si sales sola. Y si subes a cubierta, te puedes caer al agua. Es extremadamente peligroso.
Kimberly: Ay papá, que ya lo sé.
Ignacio: Eso espero, que lo tengas clarito.
Beatriz: Ahora deshaz las maletas, ponte cómoda y descansa. Luego vendremos a buscarte y daremos un paseo.


Cuando se fueron, Kimberly se relajó.

Kimberly: Por fin, que plastas que son.

El camarote estaba bien, pero le aburría. No pensaba quedarse allí encerrada hasta nueva orden.


Abrió la puerta y se asomó al pasillo. Escuchó pasos y se asustó. Se tranquilizó al descubrir que se trataba de un niño pelirrojo vestido de capitán de barco. Llevaba una llave en la mano y corría muy nervioso sin percatarse de su presencia. Cuando pasó, agarró la llave de su habitación y salió a dar un paseo.



Rafa Naclick se hospedaba en un camarote muy sencillo. Su representante era el que se ocupaba siempre de estas cosas, por lo que al hacerlo por su propia cuenta, se lió. Le dio igual, aquel estaba bien para lo que necesitaba. Se tumbó sobre una de las camas, mirando por la ventana. Estaba tan cansado de la gente, de esas personas que se acercaban a él por las conveniencias y la fama.


Escuchó voces en el pasillo y se sentó en la cama. Parecía que alguien discutía.

"Nunca tienes suficiente, siempre quieres más. Eres insufrible"."Solamente quiero que me trates bien. No merezco este trato". "Vete al cuerno". Después de una serie de improperios, uno de ellos se marchó. 


Rafa tenía mucha curiosidad, así que se asomó al pasillo. Descubrió que los que estaban discutiendo era la misma pareja con la que había coincidido en la cola antes de embarcar. Ella le parecía la clack más bella que había visto nunca. Ese pelo rubio y moreno, su tatuaje en el hombro de unas cerezas, ese vestido tan elegante y un rostro angelical. Estaba llorando tanto que no pudo evitar preocuparse por ella.

Rafa: ¿Se encuentra bien?


Ella se giró y al verlo, intentó disimular. Se limpió las lágrimas con la mano y sonrió vagamente. 

Amy: Sí, gracias...
Rafa: No lo parece.


Amy no pudo evitar ponerse de nuevo a llorar. Intentaba contener las lágrimas y se tapaba la cara con las manos. Rafa fue hasta ella.

Amy: Lo siento, soy una tonta.
Rafa: No diga eso.
Amy: Me estoy mareando...
Rafa: Pase a mi camarote y refrésquese la cara.
Amy: Gracias... 


Le pasó un brazo por la espalda y la agarró por si se desmayaba. 

Rafa: Con cuidado.


Una vez dentro, Amy se refrescó la cara en el cuarto de baño. Tras un par de minutos, se tranquilizó. Rafa la observaba fascinado. Le daban ganas de abrazarla, protegerla del resto del Playmundo. Deseaba ir a plantar cara a ese click que la hacía infeliz. 


Amy: Gracias, has sido todo un caballero. 
Rafa: No ha sido nada. ¿Se encuentra mejor?
Amy: Puedes tutearme. Sí, estoy mucho mejor. Perdona el espectáculo...soy una tonta. He discutido con mi novio. Me llamo Amy, ¿y tú?
Rafa: Me llama Rafa.

Le gustó que no supiese quién era. Se sentía muy incómodo cuando alguien lo ensalzaba a los cielos y lo hacía sentir diferente.

Amy: Un placer, Rafa.
Rafa:¿Quieres tomar algo? Te invito a un refresco, o quizás un helado.
Amy: Rafa...yo...debo irme. Gracias por todo.


Rafa: No tienes que irte...
Amy: Lo siento, pero Jean me puede estar buscando y no quiero que tengas problemas por mi culpa.

Amy salió corriendo sin ser consciente que se llevaba consigo un trozo de corazón de Rafa.


Willy lloraba sin parar. Renzo intentaba animar a su amigo por todos los medios, pero no lo conseguía. Estaba muy preocupado. Aquella situación le sobrepasaba. Renzo estaba igual de asustado pero intentaba disimular para no poner más nervioso a su amigo.

Renzo: Willy, todo se solucionará...
Willy: ¡Buaaaaaa! ¡Quiero irme a casa!
Renzo: Y yo...


Renzo no podía dejar de pensar en su padre. "Estará tan decepcionado que le habré roto el corazón. Está solo en el restaurante, sin saber dónde estoy". Recordó cuando Duclack lo detuvo antes de marcharse. "Le mentí...no debería haberlo hecho. Lo siento, Duclack...". No era posible tener más remordimientos. Sus ojos estaban a punto en estallar en lágrimas.


De pronto, la puerta del camarote se abrió y apareció Elliot. Los dos saltaron de felicidad y de enfado al mismo tiempo.

Willy: ¡Traidor!
Renzo: ¡¿Dónde estabas?!
Elliot: Lo siento...me he distraído.
Willy: ¡Menuda excusa! ¡Quiero volver a mi casa!
Elliot: Lo siento, de verdad. 


Renzo: Necesitamos volver a casa.
Elliot: Ya no es posible. Hace ya mucho rato que salimos del puerto.
Willy: ¿Y no para en ningún sitio?
Elliot: Hace escala en Click Marino.
Renzo: ¡Eso está muy lejos!
Elliot: Una semana en barco...
Willy: ¡Yo no debería estar aquí! Mi madre me matará...
Elliot: Dejad que hable con mi padre, a ver si encuentra una solución. Es el Capitán del barco. Se enfadará mucho, ya os aviso, pero seguro que os ayuda. Por cierto, tu novia está en el barco.
Renzo: ¡Kimberly! Ya no me acordaba de ella. ¿Sabes dónde está?
Elliot: Sí, he mirado la lista de pasajeros en el ordenador. Con la excusa de jugar a un juego de PC, me he podido meter.
Willy: ¿En serio, Renzo? ¿Todavía quieres despedirte de ella? Tenemos problemas muy gordos que solucionar.
Renzo: No tengo nada que perder. Ya que estamos aquí a la fuerza...


Lucía: ¡Elliot!

Los tres se giraron al escuchar la potente voz de la oficial jefe del barco. Los miraba muy enfadada. Si sus ojos fuesen capaces de lanzar fuego, ya estarían carbonizados. 

Elliot: Luci...
Lucía: ¿Me puedes explicar que haces en este camarote con estos dos chicos?
Elliot: Nada...son dos amigos que he conocido hoy.
Lucía: ¿De verdad? ¿Dónde están sus padres?


Elliot: Eh...no están en el barco. Es que...
Lucía: ¡Silencio! Ya sé quienes son. Sois Renzo y Willy, ¿no es cierto?
Willy: ¿Cómo lo sabes?
Lucía: ¿Conocéis a una tal Duclack?
Renzo: ¡Duclack!
 Lucía: Ella nos facilitó vuestros nombres.


Renzo: No entiendo nada...
Lucía: Recibimos una llamada de Duclack, preguntando si teníamos constancia de dos adolescentes que hubiesen subido al barco como polizones. Creía que podíais haber subido al barco para despediros de una de nuestras pasajeras. Revisamos las cámaras de seguridad y os encontramos. Menudo susto habéis dado a vuestras familias. ¡Eso está muy mal! 
Elliot: Es culpa mía, Luci. Me distraí y...
Renzo: No, es culpa de todos. Yo te lié para que nos ayudases.
Willy: Sí, todos tenemos parte de responsabilidad.
Lucía: Eso me gusta. Aceptáis vuestros errores y os arrepentís.


Renzo: ¿Mi padre sabe que estoy aquí?
Willy: ¿Y mi madre?
Lucía: Sí, están debidamente informados. Por desgracia, tendréis que viajar con nosotros hasta San Click Marino. Allí os recogerán.
Renzo: ¿Está enfadado mi padre?
Lucía: No lo sé, no he sido yo la que he hablado con él. Están tranquilos sabiendo que estáis bien. Aunque chicos, lo que habéis hecho tiene graves consecuencias. 
Renzo: ¿Qué pasará con nosotros?
Lucía: Caminad, en seguida lo descubriréis. 


Continuará...