viernes, 8 de marzo de 2019

Mi vida ahora - Capítulo 07: Como Pedro por su casa

Capítulo 07: Como Pedro por su casa

Chris caminaba hacia la casa de Sus y Diamante. Ver a Leticia le aceleraba el corazón. Tenía la necesidad de hacerla feliz. Esperaría a que llegase a la casa en la que trabajaba y le daría una sorpresa. Quería comprarle alguna cosa, aunque estaba pelado. Su amigo Petas le había prestado 10 cleuros y se suponía que debía pasar con ellos toda la semana, pero estaba dispuesto a quedarse sin nada por Leticia.


Le sorprendía lo grande que era la mansión de los jefes de Leticia. Era una casa preciosa, con una fachada espectacular. Nada comparado con la casa de su abuela. Vivía con ella desde que su madre lo abandonó. La pobre tiraba como podía con la pensión que le había quedado. Ella estaba encantada de cuidar de su nieto, pero se había llevado ya muchos disgustos por su culpa.

Chris: Menuda choza tienen.


Miró alrededor, buscando una tienda en la que comprarle un detalle a su novia. No había nada que le convenciese y lo poco que veía, le parecía muy caro.


Entonces, vio a una vendedora de flores. Tenía un puesto improvisado junto a una farola. En una cesta, tenía todo tipo de flores frescas y ramos muy bonitos. La mujer intentaba captar la atención de todo aquel que pasaba a su lado.

Vendedora: Para su novia, su marido o su abuela. ¡Flores frescas que alegran la vida! Un detalle que gusta a todo el mundo.
Chris: Chris, eres un genio.


Chris: Hola, señorita. Me gustaría comprar uno de esos ramos.
Vendedora: Claro, el que más le guste.
Chris: Ese ramo con flores blancas y rosas.
Vendedora: Esas son preciosas. Son siente cleuros.
Chris: ¿Tanto? ¿Y si le doy cinco?
Vendedora: ¿Quieres el ramo o no?
Chris: Sí.
Vendedora: Pues son siete cleuros.


Chris se sentó en la entrada de la casa y esperó a Leticia. Pasaba la tarde y seguía sin aparecer. Estaba muy cansado, pues había pasado toda la noche con su amigo El Petas jugando a la videoconsola. 

Chris: Empiezo a tener frío...


Leticia se había llevado a los niños al parque y a comprar algunas cosas. Cuando llegó a casa, encontró a Chris durmiendo en la entrada, tirado en el suelo con el ramo de flores en la mano.

Dante: Mira, tu amigo está ahí tirado en la puerta.
Pradito: ¿Estará muerto?
Suselle: Ay no, me da miedo...
Leticia: No os preocupéis, debe estar dormido.


Leticia estaba preocupada. Si Sus, Diamante o su madre aparecían por ahí, tendría problemas. Lo llamó y este se sentó de golpe, muy asustado.

Chris: ¿¡Eh!? ¡Yo no he sido!
Leticia: Cariño, soy yo.
Chris: ¡Amorcito! Oh, me he quedado dormido...
Leticia: No puedes hacer esto, Chris.


Chris se levantó perezoso y se estiró. Al ver como Leticia miraba el ramo de flores, extendió el brazo y se lo ofreció.

Chris: Son para ti.
Leticia: ¿Para mi? ¡Son preciosas!
Suselle: Qué romántico. Nadie hace eso por mi.
Pradito: Ni por mi.
Chris: Para la clack más bella del mundo.


Leticia le besó feliz y olió las flores. Cerró los ojos cuando su refrescante aroma le llegó.

Leticia: Muchas gracias, cariño. Me gustan muchísimo.
Chris: Todo por mi princesita. Pufff, estoy destemplado. Tengo frío, sed y mucha hambre.


Leticia abrió la puerta mientras hablaba.

Leticia: Pues acércate a la cafetería de Agnes. Venimos de allí y...
Chris: ¿Puedo entrar?

Leticia no tuvo tiempo para contestar. Chris entró rápidamente a la casa.

Leticia: ¡Chris!


Chris: ¡Mola!
Leticia: Es mejor que te marches, nos pueden pillar.
Chris: ¿Me vas a dejar ahí fuera con el frío que hace? Dame algo de comer y de beber.
Leticia: ¿Estás loco? ¡No es mi casa!


Chris: Niños, ¿a que está feo que me deje tirado? Le he regalado unas flores y tengo frío.
Pradito: Puedes ir a la cafetería.
Chris: No tengo pasta.
Suselle: Mi madre dice que debemos ser generosos y ayudar a los demás.
Dante: Sí, pero también nos dice que no hablemos con desconocidos.
Chris: No soy un desconocido, soy Chris. 


Leticia: Niños, ya me encargo yo. Terminad esas tareas que tenéis pendientes y ahora voy.

Pandy: #### (¿Dónde va el flipao este?)
Chris: ¡Es una casa inmensa! 


Los niños subieron y se quedaron solos. Chris se tumbó en el sofá, junto a la chimenea.

Chris: Esta casa es de ensueño.
Leticia: ¿Quieres que me despidan? ¡Tienes que irte! Por favor...
Chris: No me dejes tirado, cariño...Mi abuela está fuera y no vendrá hasta la noche. Ya sabes que ella no me deja tener una llave de la casa. Tendré que quedarme en un banco pasando frío. Cielo mío, me preparas algo de comer y me voy, lo prometo.


Leticia cedió. Le preparó una hamburguesa y le sacó un refresco. Se sentó a la mesa de la cocina y se puso a comer con ansias. 

Chris: ¡Ni el Burguer Click! Esto está que lo flipas.
Leticia: Date prisa, que nos pueden pillar. No nos podemos permitir perder este empleo.
Chris: ¿Tu hermano no trabaja?
Leticia: Sí, pero es muy poquito lo que cobra. Venga, que no quiero que nos pillen.
Chris: Vale, me doy prisa.


Chris: ¿Y este perro? Es muy raro...
Leticia: No es un perro, es un oso panda.
Chris: ¿Eso existe?
Leticia: ¡Pues claro! ¡Jajajaja!
Chris: Pensaba que no existía, como los dragones o los pokémon. 
Pandy:###### (¡Este tipo es tonto de remate! ¡No soy un perro!).
Leticia: No le molestes.


Chris abrió la nevera.

Chris: ¿No tienen una cervecita?
Leticia: ¡Chris! ¡Cierra la nevera!
Chris: Ya voy, ya voy...


Agarró a Leticia por la cintura y la besó. La pilló por sorpresa y no se pudo resistir. Chris era un bala perdida, pero estaba loca de amor por él. En el fondo de su corazón sabía que esa relación no tenía futuro, pero no lo quería ver. Lo amaba y eso podía más que todo. Le había fallado muchas veces, incontables, pero al final, siempre terminaba perdonándolo.  Era un locuelo y eso muy a su pesar, le gustaba.

Leticia: ¡Que están los niños!
Chris: Te amo, Leti. Lo sé, hago mal, estoy loco...pero no lo puedo evitar. Quiero estar contigo, quiero aprovechar cada segundo de mi vida a tu lado. No soy nada sin ti. 
Leticia: Chris...yo también te amo. Quiero estar contigo, pero esto es peligroso. Si nos pillan, me despedirán...y si mi madre se entera, me muero.
Chris: ¡Olvida todo! ¡Déjate llevar por una vez en tu vida! ¡Vive el momento! No dejes que tu madre se salga con la suya y te convierta en una persona amargada como ella.¡Haz locuras!


Suselle tenía que ensayar una pieza musical con el piano. Le pidió a Pradito que le acompañara.

Suselle: Quiero hacerme un vídeo con la tablet, a ver si me gusta como lo hago. Lo pondré encima del piano, así me veo bien.
Pradito: Lo puedes colgar en Clicktube y hacerte famosa.
Suselle: No, que la gente me criticaría. Todavía no sé tocar del todo bien.
Pradito: Quién te critique, se las tendrá que ver conmigo.


Suselle: Pradito, ¿te sabes la canción del pobre clickito?
Pradito: Sí.
Suselle: Primero haré un solo de piano, pero luego podrías cantarla mientras yo toco.
Pradito: Me da vergüenza cantar...
Suselle: Cantas muy bien, de verdad. Bueno, le doy al play.


Suselle se puso a tocar el piano y cuando llevaba un par de minutos, Dante entró gritando. Suselle dejó de tocar enfadada.

Dante: ¡Pradito, Suselle! ¡Ahhhh!
Suselle: ¡Dante! ¡Me has interrumpido!
Dante: ¡Es importante! ¡He visto en Internet el trailer de la nueva peli de Cutreman! ¡Cutreman y los extraterrestres verdes 2!
Pradito: ¿¡Qué!?
Suselle: ¿¡En serio!?
Dante: ¡Te lo juro por Clickstiano Ronaldo!


Los tres salieron escopeteados hacia el cuarto de Dante.

Suselle: ¡Como sea mentira te dejo de hablar para siempre!


Leticia había cerrado con pestillo la puerta del baño. Chris la convenció para darse juntos un baño relajante. Se estaba dejando llevar por el momento, aunque el miedo a ser descubiertos no la abandonaba por completo.

Chris: Faltan las velas.
Leticia: Sí, y que esta fuese nuestra casa...
Chris: Algún día tendremos una casa como esta. Viviremos juntos y tendremos muchos niños.
Leticia: ¿Muchos niños?
Chris: Sí, cuantos más mejor.
Leticia: Yo me conformo con dos. 
Chris: Y quiero un perro panda como ese.
Leticia: No es un perro...
Chris: ¿Sabes? Quizás sea posible.
Leticia: ¿Te ha tocado la lotería?
Chris: Tengo un último golpe preparado.


Leticia se sentó en la bañera, alarmada por sus palabras.

Leticia: ¿Un último golpe?
Chris: El Petas me ha dicho que hay una casa muy cerca de aquí con mucho oro escondido. Se trata de una pirata, que guarda sus tesoros en su casa.
Leticia: ¿El Petas?
Chris: Sí, mi colega. 
Leticia: Me dijiste que ya no te juntabas con él.
Chris: Es mi amigo, cariño. El caso es que es un golpe perfecto. Tenemos el material necesario para robar todo el oro sin que nadie salga herido. Es un plan perfecto. Sacaríamos tanto dinero que podríamos tener una casa como esta y dinero para vivir con lujos toda la vida.
Leticia: Quiero que te marches ahora mismo.


Leticia salió de la bañera y se secó rápidamente. Buscó la ropa para vestirse cuanto antes.

Chris: Ey, amorcito. No te pongas así, no es peligroso.
Leticia: Me dijiste que habías dejado todo eso atrás.
Chris: Y lo he dejado, esto es solamente un último golpe. Después de esto, te prometo que se terminó.
Leticia: Mi madre tenía razón...
Chris: ¿Tu madre? ¿Que tiene que ver tu madre con todo esto?
Leticia: Me dijo que no cambiarás nunca...


Se vistió y salió del cuarto de baño.

Chris: Sabes que he cambiado. Esto es un último golpe con el que nuestras vidas cambiarán para siempre.
Leticia: Sí, robando. Tú a la cárcel o quizás muerto y yo también, por cómplice. ¡No quiero esa clase de vida! Me conformo con lo poco que tengo.
Chris: ¡Nena!
Leticia: ¡He dicho que me dejes en paz! ¡Vete antes de que nos descubran! No me llames hasta que de verdad estés dispuesto a cambiar...


Chris entró a buscar su ropa, pero sus pantalones estaban mojados. Salió del cuarto de baño para pedirle ayuda a Leticia. Entró en la cocina, pero allí no estaba.

Chris: ¿Corazón? ¡Princesa! Tengo los pantalones mojados. ¿Tienes un secador por ahí?


Subió las escaleras al piso superior.

Chris: ¡Leticia!


Entró en la sala del piano, vestido tan solo con unos calzoncillos. Cuando vio la televisión y todo lo que tenía montado Diamante, casi se cae de espalda.

Chris: ¡Alucinante! 


Agarró el mando a distancia y encendió la tele. Se sentó en el cómodo sofá azul. La calidad de imagen era espectacular. Vio la videoconsola, los juegos y los altavoces y se quedó embobado. 

Chris: Este es mi sueño...¡Yo quiero tener un cuarto así!


Vio un cofre en el mueble de la tele que le llamó la atención. Era dorado y grande. Se acercó hasta el mueble y lo sacó.


Pasados unos minutos, fue al lavabo y se puso la ropa, a pesar de seguir húmeda. Fue en busca de Leticia y la encontró planchando la ropa en la cocina. Estaba muy seria y visiblemente enfadada.

Chris: Amor...
Leticia: ¡Te he dicho que te marches! Vete, no quiero verte.
Chris: Venga, no seas así...


Se acercó hasta ella y le tocó la cara. Leticia le apartó la mano y siguió planchando.

Leticia: He dicho que te vayas. No compliques más las cosas, Chris...
Chris: ¿Tanto te importa que  haga mi último trabajo?
Leticia: Sí. ¡Conseguirás que te metan otra vez en la cárcel! Quiero una vida normal, Chris. 
Chris: Será mi último golpe,te lo prometo. Vamos, no te enfades conmigo. Cuando seamos millonarios, lo verás todo de otra forma. Venga, dame un besito de reconciliación.


Leticia: No quiero. Vete ahora mismo.
Chris: No quiero.
Leticia: ¿Qué? Chris, he dicho que te marches. Vete, por favor.
Chris: Me iré si me das un beso.
Leticia: ¡He dicho que no! 
Pandy: ###### (¡Yo te ayudo, Leticia!)


Pandy fue tras Chris con la intención de darle un buen mordisco. Este salió escopeteado, totalmente aterrado.

Pandy: ##### (¡Grrrrrr! Ven aquí, pesado)
Chris: ¡Dijiste que no era un perro!
Leticia: ¡Pero es igual de eficiente!


Chris agarró una bolsa de deporte que había encontrado guardada en un armario. La había dejado al lado de la puerta de salida.

Pandy: ##### (¡No huyas, cobarde!)
Chris:¡Socorro!


Pandy corría tras él sin darle tregua. Chris abrió la puerta y se dio la vuelta. Si no salía rápido de allí, le daría alcance.

Chris: ¡No me pillas,cara de papilla! ¡Uhhhh!
Pandy: #### (¡Serás...!)


Se fue corriendo, con la pesada bolsa de deporte en la mano. Corría feliz, a pesar de la pelea con Leticia. 


Leticia se puso a llorar. Los niños bajaron para ver si quería jugar con ellos y la vieron cabizbaja y llorando. 

Dante: ¡Leti! ¿Estás bien?
Pradito: ¡Está llorando!


Dante y Pradito la abrazaron, intentando consolarla. Suselle no se sentía capaz de hacerlo, pero le daba pena verla así. 

Pradito: ¿Te has hecho daño?
Leticia: No, estoy bien. Es que tengo algo en el ojo...
Dante: A mi no me engañas. Algo te pasa.
Pradito: ¿Estás triste?
Leticia: Un poquito...No os preocupéis, ya se me pasará.

Aunque lo intentaba con todas sus fuerzas, no podía dejar de llorar.


Continuará...

sábado, 2 de marzo de 2019

Mi vida ahora - Capítulo 06: Las flechas de Cupido

Agnes limpiaba una de las mesas de la cafetería. Unos chicos se habían marchado y la quería tener limpia y preparada para el próximo cliente. Artemisa se estaba ocupando de colocar la vajilla en el carro para transportarla al fregadero.

Artemisa: Por la Diosa, no se marcharán nunca.
Agnes: Ya pueden caer chuzos de punta que estos no se mueven.

Se referían a la señora Hermenegilda, Fernanda y su marido Bartolo. Habían pedido varias veces y no tenían la intención de levantar vuelo. La señora Hermenegilda ya se había comido tres generosas porciones de bica.

Hermenegilda: Cada vez que me asomo por la ventana, la veo. Está ahí sentada en su casa, viendo la tele y sin hacer nada. Tiene la casa mano por hombro. Desde mi ventana se ve el polvo. 
Bartolo: ¿Desde tan lejos?
Hermenegilda: Con los prismáticos. Los compré en la tienda del hijo de la Gerania. Que venden pistolas y copetas.
Fernanda: Esa es una guarra y una pelandusca. 
Bartolo: Lo que tenéis que hacer es dejar de meteros en la vida de los demás. Si quiere tener la casa sucia, pues que la tenga. ¿A vosotras que más os da?
Hermenegilda: ¡Cucha el tío!
Fernanda: ¿A que es para liarse a palos? ¡Nosotras nos preocupamos por el barrio! A ver si ahora no vamos a poder hablar. Esta noche te quedas sin cena.
Bartolo: ¿Que he dicho?


Agnes: No paran de hablar...
Artemisa: Pobre hombre, menuda mujer tiene...
Agnes: Sí...a mi me parece riquiño.


Bartolo: Ya me calentaré yo la sopa, no te preocupes.
Fernanda: No hay sopa. No compré y la que quedaba la tiré por el fregadero.
Bartolo: ¡Pero si sabes que es lo que suelo cenar!
Fernanda: Ha subido el precio de la sopa. Un céntimo más por sobre. Ya sabes que no nos sobran las perras. Te calientas agua en el microondas y mojas pan duro, que tenemos una bolsa llena.
Hermenegilda: El pan duro con la leche está de rechupete. 
Fernanda: Eso le daba yo a mi hijo para merendar. Pan duro con aceite. Anda que no se lo comía a gusto el niño. Así está de hermoso.
Bartolo: Siempre has sido una tacaña...
Fernanda: ¿Yo tacaña? Tú que sabrás.


Hermenegilda: Mi amiga no es tacaña, Bartolo. Es ahorradora. Tienes que cuidar más a Fernanda, que es una santa y es tu esposa. La tienes que valorar más y cuidarla, que es una joya. Siempre estás buscando el pelo en la leche, hijo. Hablando de hijo, ¿habéis visto al hijo de la Conchi?
Fernanda: ¿El drogadicto? Me da un miedo cuando lo veo en las escaleras. Ese adora al diablo. Vestido de negro y con los pelos largos.
Bartolo: Al chico le gusta el heavy, nada más. Que vista de negro no significa que sea...
Fernanda: Calla ya, que no te enteras de nada. Si es que en el fondo eres un ignorante de la vida.
Hermenegilda: Ay, Fernanda. Ese a mi me da mucho miedo. A mi me mira raro. Cuando lo veo desde mi ventana, cambiándose de ropa en su cuarto, me mira con odio y cierra la persiana. Adora al diablo, al yeti o a la momia, pero ni mucho menos a un dios bueno.
Fernanda: Tenemos que andarnos con cuidado con ese. Igual que la Pili, la del quinto. Con esas faldas...noto que quiere conquistar a mi Bartolo. Esa es una pelandusca. 
Bartolo: Ojalá fuese verdad...


Un hombre entró en la cafetería. Lucía una boina blanca en su pelo castaño, largo y ondulado. Su bigote era algo ridículo, largo y negro. Vestía de azul y negro y tenía pinta de artista.

Agnes: Buenas tardes.
Semuá: Buenas tagdes. ¿Mesa paga uno?
Agnes: Sí, aquí mismo si lo desea.
Semuá: Me pagese bien.


El hombre se sentó y miró a Agnes con atención. Ella se ruborizó, pues la miraba fijamente, casi sin pestañear.

Agnes: ¿Que desea tomar?
Semuá: Necesito bebeg algo que me espabile. ¿Un café con hielo?
Agnes: Por supuesto. ¿Desea acompañar al café con algún dulce?
Semuá: No, está bien así. Muchas ggasias.



"Es justo lo que estaba buscando. Pog fin siento la inspigación que tanto anhelaba. Es pegfecta, una diosa de la belleza".

Semuá: Pegmítame que me pgesente. Me llamo Semuá y soy pintog. Soy un agtista incompgendido, pego con mucho talento. Mis cuadgos se vendegán pog millones algún día, señogita...
Agnes: Agnes, me llamo Agnes.
Semuá: Es un enogme placeg conocegla, señogita Agnes.
Agnes: Le traigo su café.


A Artemisa se le había caído una cuchara al suelo. Agnes la vio y se agachó para cogerla. Semuá aprovechó el momento para mirar con todo detalle el trasero de Agnes.

Semuá: ¡Menudas posadegas! ¡Fabulosas, magavillosas!


Agnes le pidió a Artemisa que le llevase el café con hielo al cliente. No le apetecía atenderle. Semuá se desilusionó cuando Artemisa le sirvió. Aprovechó para intentar averiguar algo sobre Agnes.

Semuá: Disculpe mi  atgevimiento, señogita. ¿Conoce bien a su compañega?
Artemisa: Sí, ¿ocurre algo?
Semuá: Me llamo Semuá. Soy agtista, todavía no conocido pego eso cambiagá dentgo de muy poco. Había pegdido la inspigación, pego su compañega ha conseguido que despiegte el agtista que habita en mi. ¿Cgé que aceptaguía que yo la pintase?
Artemisa: ¿Quiere pintar a Agnes?
Semuá: Así es. Su belleza debe seg getgatada. Es hegmosa y tgansmite magia. Es justo lo que necesitaba. Pog favog, ¿podgía ayudagme?
Artemisa: No estoy segura de que le haga mucha gracia, Agnes es tímida. Le preguntaré, a lo mejor la idea le guste.


Artemisa: Agnes, ¿puedes venir un momento?

Agnes se acercó hasta la mesa de Semuá. Artemisa le sonrió y Agnes la miró con cara de no entender nada.

Artemisa: Semuá dice ser artista. Parece que hace tiempo que no encuentra inspiración para pintar. Al verte, esa inspiración que necesitaba ha vuelto a él. Le gustaría poder pintarte.
Agnes: ¿A mi? 
Semuá: Pog favog, señogita Agnes.
Agnes: Es que tengo mucho traballo... este hombre está tolo, Artemisiña...


Semuá: Oh, tiene usted la belleza de los dioses.

Semuá se levantó y besó una de las manos de Agnes. 

Agnes: Eh...se lo agradezco, pero creo que no me apetece demasiado.
Semuá: Piénselo bien. Pinto de magavilla y quedagá getgatada paga la etegnidad.


Artemisa: Me parece que no le apetece demasiado, caballero. Deje que se lo piense un tiempo.
Semuá: ¡Pego no hay tiempo que pegdeg!
Agnes: Tengo demasiado traballo. Hay otras clacks por ahí más guapas que yo. ¡Yo soy máis fea que un  croio!
Artemisa: Eso no es verdad y lo sabes, Agnes.
Semuá: Los cgoios deben seg pgeciosos si usted se compaga con ellos. Además, piense que yo la getgatagé desnuda. Captagé toda su esencia.
Agnes: ¡¿Desnuda?! ¡A nai que te botou!
Hermenegilda: ¡Será posible el guarro este!
Artemisa: De eso nada. Será mejor que no insista.
Semuá: ¡Quiego conteplag su belleza al competo!


La señora Hermenegilda y Fernanda se levantaron con sus bolsos en las mano. Lo hicieron rápido, nadie diría que arrastraban las dolencias de las que solían quejarse. Levantaron sus bolsos y con una velocidad asombrosa, los usaron para golpear a Semuá. Este se intentaba proteger como podía, pero sabían usar sus armas con gran habilidad. Eran golpes certeros y nunca erraban. Agnes y Artemisa observaban atónitas la escena.

Semuá: ¡Señogas pog favog!
Hermenegilda: ¡Guarro, pervertido! ¡A ti te voy a dar yo retrato!
Fernanda: ¡Cochino, marrano! 
Semuá: ¡Socoggo!


Hermenegilda: ¡Te voy ha despachurrar!  
Fernanda: ¡Te voy a dar una somanta de hostias que no te reconocerá ni tu madre!
Semuá: ¡Mis intenciones son buenas! ¡Ahhh! ¡Ay!


Semuá se zafó de ellas y salió corriendo dirección a la puerta de salida. Hermenegilda y Fernanda le seguían golpeando sin parar, a toda velocidad. Los golpes le venían de todas partes y estaba desorientado. Al final, consiguió agarrar el pomo de la puerta y salió como pudo.

Fernanda: ¡No huyas, mendrugo!
Hermenegilda: ¡Zoquete, palurdo! ¡Ven aquí, papamoscas! 


Finalmente Semuá consiguió salir de allí espantado y dolorido. Corrió como nunca lo había hecho. Hermenegilda y Fernanda se miraron satisfechas. Agnes y Artemisa se quedaron con la boca abierta.

Hermenegilda: ¿Estás bien, chiquita?
Agnes: Sí...
Fernanda: Ese era un mendrugo de los gordos. Decirle eso a una clack. Encima a una clack libiana.
Hermenegilda: La libianas son modernas, pero no tanto.


Leticia se había arreglado para llevar a los niños a la cafetería de Agnes y Artemisa. Dante estaba encantado pero Suselle tenía cara de pocos amigos.

Leticia: ¿Preparados para salir?
Dante: ¡Sí! Estás muy guapa, Leti...
Leticia: Muchas gracias, Dante. Suselle, me encanta esa falda y top rosa que llevas. Vamos las dos de rosa, qué guay.
Suselle: No entiendo que no podamos ir solos.
Leticia: Es mi responsabilidad cuidar de vosotros en ausencia de vuestros padres. Además, yo también quiero merendar algo rico y conocer a Agnes.
Dante: Agnes es la caña.
Suselle: Sí, ya nos podría cuidar ella...


Leticia escuchó esa frase lapidaria, pero hizo oídos sordos. Abrió la puerta para que saliesen y llamó a Pandy.

Leticia: ¡Pandy!

Este apareció bostezando. Llevaba horas durmiendo la siesta.

Pandy: #### (Hola, preciosa)
Leticia: ¿Te vienes? Vamos a una cafetería muy chula y de paso a ver a la famosa Agnes. 
Pandy: #### (Por supuesto que me apunto)
Leticia: Me llevo algo de bambú en el bolso, para que meriendes.


Leticia apagó la luz y cerró la puerta con llave.


Comenzaron a caminar hacia la cafetería, que no se encontraba muy lejos. Leticia seguía intentando simpatizar con Suselle.

Leticia: Me ha dicho mi madre que has sacado un diez en el examen de inglés.
Suselle: Sí.
Leticia: ¡Eso es genial, Suselle!
Dante: Yo he sacado un siete. Hacía siglos que no sacaba una nota tan alta.


Se cruzaron con Fatumata y Vaiana. Se saludaron y Vaiana le dijo a Suselle que luego le hablaría por Sclikpe.

Leticia: Wow, me encanta el estilo de la mamá de tu amiga. ¿Es africana?
Suselle: Pregúntaselo tú.
Leticia: Ah...bueno, ya lo haré.
Dante: Mira que eres borde. No le hagas caso, ya te he dicho que mi hermana es tonta.
Leticia: No le insultes, Dante. Las chicas a veces tenemos esos días en los que estamos menos receptivas.
Dante: Ya...pero no me gusta que te hable así. 


Leticia: Mirad, ahí está Pradito con su padre.
Suselle: ¡¡Pradito!!

Salió corriendo en dirección a ella y Pradito la recibió feliz. Las amigas se abrazaron entre risas.


Fue en ese momento cuando unas flechas invisibles pero poderosas atravesaron el corazón de Pandy. En una autobús que pasaba por allí vio a una osa panda. Llevaba un lazo rosa en su cabeza y lo miró sonriente. Pandy no podía creer lo que estaba viendo. Su corazón galopaba como un caballo desbocado. Fue algo fugaz, pero suficiente para que Pandy se quedara totalmente fascinado.

Pandy: #### (No puede ser, ¿es real lo que acabo de ver?)


Dante: Pandy, ¿estás bien?
Pandy: ### (He visto un ángel)
Dante: ¿Nunca habías visto un autobús?


Leticia: ¿Eres el padre de Pradito?
Sebastián: Sí, ¿eres Leticia? Pradito me habla muy bien de ti.
Leticia: Oh, qué bien. Sí, soy Leticia. ¿Te quedarás a merendar?
Sebastián: No, tengo cosas que hacer. Te dejo al cargo de Pradito.
Leticia: No te preocupes, para mi es un placer cuidar de ella. Es un encanto de niña.


Sebastián: Me voy, Pradito. Luego pasará Rita por aquí y te llevará a casa.

Pradito: ¡Vale!
Sebastián: Pasarlo bien.
Suselle: Gracias, Sebastián.
Leticia: ¡Hasta luego!


Don Pimpón terminaba un trabajo para la escuela con su ordenador portátil. Estaba sentado en la terraza, tomándose un café de Colombia. Aunque estaba muy ocupado con el trabajo, era un momento de tranquilidad que estaba disfrutando mucho. Alejado de los gritos y alboroto de los niños. Cuando vio venir a Dante, Pradito y Suselle la tranquilidad que tanto estaba disfrutando desapareció. Eran sus alumnos y estaba claro que no lo dejarían tranquilo. Guardó el trabajo a toda velocidad y apagó el ordenador. Recogió todo lo rápido que pudo y salió corriendo de allí.


Pradito lo vio caminando con paso rápido y decidido. No le pudo ver la cara pero lo reconoció.

Pradito: ¡Adiós, profe!
Don Pimpón: ¡Adiós, Pradito! 


Leticia y los niños se sentaron a la mesa. Abrieron la carta de tés y postres. Era muy difícil tomar una decisión ante tanto surtido. 

Leticia: No sé que pedir...
Dante: Yo quiero una rosquilla de choco.
Suselle: ¡Yo también!
Dante: Copiona.
Pradito: Pues yo...


Leticia: Estoy indecisa. Quizás una ensaimada. 
Pradito: ¡Ya sé, un cupcake de mora!
Leticia: Buena elección.


Agnes: ¡Suselle, Dante, Pradito!
Niños: ¡Hola, Agnes!
Agnes: Oh, estás muy guapa con ese vestido rosa.
Suselle:Gracias, Agnes.
Leticia: Yo soy Leticia, pero puedes llamarme Leti. Los niños me han hablado mucho de ti.
Agnes: Un placer, Leti. ¿Cuidas a los niños?
Leticia: Sí. Son muy buenos.
Suselle: Agnes, ven un momento...


Suselle se llevó a Agnes y le habló al oído para que no la pudiesen escuchar.

Suselle: No le hagas caso, quiere sustituir a mi madre. Va de guay, pero no me gusta.
Agnes: Suselle, pero si se ve buena chica.
Suselle: No es mi madre. Quiero que me deje en paz. No quiero que nadie me cuide, pero si no hay más remedio... ¿podrías cuidarme tú?
Agnes: ¡Suselle! Nada en este mundo me haría más ilusión, pero ya ves que estoy trabajando y me es imposible. No seas así con Leti, no quiere sustituir a tu madre. Se ve que tiene buen corazón. Tienes que hacer un esfuerzo, darle una oportunidad.
Suselle: Es que...echo de menos a mamá.
Agnes: Tu mamá estará siempre ahí, sabes que te quiere mucho, al igual que tu papá. Leti la está ayudando y si le das una oportunidad, verás que te caerá genial.
Suselle: Lo intentaré. Gracias, Agnes.


Agnes: Dame un abraziño.
Suselle: ¡Eres tan buena!

Suselle la abrazó a punto de llorar.

Agnes: Corre, voy a tomaros nota. Os espera una gran merienda.
Suselle: ¡Síii!


Agnes les sirvió la merienda y empezaron a comer. Comían con ansias, como si el mundo estuviese a punto de acabarse.

Leticia: ¡Mmmh! ¡Esto está requetebueno! Pradito, ¿te gusta el cupcake?
Pradito: ¡Está megabueno!
Suselle: Leti, ¿quieres probar un trocito de rosquilla?
Leti: Oh, Suselle, ¿de verdad? ¿Puedo?
Suselle: Claro. Toma.
Leti: ¡Gracias! ¡Está muy rica!

Leticia se aguantó las ganas de llorar. No sabía que es lo que había pasado, pero por fin Suselle estaba siendo amable con ella.


Agnes se acercó hasta Pandy. Estaba distraído, mirando al final de la calle.

Agnes: Pandy, ¿que miras con tanta atención?
Pandy: ### (Estoy enamorado de una panda preciosa, pero la he visto solamente un momento...)

Agnes le dio un beso en la frente y le acarició.

Agnes: Ahora te traigo un cuenco con agua y algo que puedas comer. 


Chris llevaba rato espiando a Leticia. Sabía que en esos momentos estaba trabajando, pero deseaba con todas sus fuerzas estar con ella.  Se acercó hasta la terraza, para escucharla hablar.

Leticia: Mis atracciones preferidas son la noria y la barca. Odio el tren de la bruja, me daban cada escobazo...
Pradito: ¡A mi me gusta la noria! 
Dante: A mi todo menos las atracciones de niños. No me da miedo nada.
Suselle: Ya...pues lloraste cuando te subiste en el pulpo.
Dante: ¡Mentira, me picaban los ojos!
Chris: ¡Bizcochito!


Leticia se dio la vuelta y vio a su novio ahí, esperando a que se acercase. Se levantó y fue a saludarle. Agnes los vio y un presentimiento extraño la invadió.

Agnes: Hay amor entre ellos, pero algo no me gusta. Espero equivocarme pero creo que esto no acabará bien...


Leticia: ¿Qué haces aquí? Podrían vernos, Chris.
Chris: Me da igual. No tenemos que escondernos, amor. Te amo y lo quiero gritar a los cuatro vientos.
Leticia: Chris, eso es precioso. Yo también te quiero. Ten un poco de paciencia. Cuando mi madre descubra que eres un nuevo Chris, aceptará nuestro amor. Tienes que darle más tiempo. Piensa que todo lo que sabe de ti es que fuiste a la cárcel, que eras un bala perdida y que te vio desnudo en mi cuarto.
Chris: Entiendo. Lo haré, le demostraré que soy otro click y que pienso luchar por el amor de su hija.


Dante: ¡Eh, no molestes a Leti!
Chris: ¿Ese es uno de los niños a los que cuidas?
Leticia: Sí, es Dante. No te preocupes, Dante. Es un amigo.
Dante: Pues se pega mucho a ti...
Chris: Colega, puedes estar tranqui. Soy de fiar.


Leticia: Es mejor que te marches. 
Chris: Me voy, pero volveré. No te librarás de mi tan fácilmente, princesa.
Leticia: ¡No hagas locuras!
Chris: Por ti soy capaz de todo.


Continuará...