viernes, 9 de noviembre de 2018

Halloween 2018: El autoestopista - Capítulo 03: Muchas gracias señora

Capítulo 03: Muchas gracias señora

Calabazo: Aquella montaña tan alta es dónde vive el demonio Amón, uno de mis mejores amigos. Solemos hacer senderismo por toda aquella parte del infierno. Sí, hace mucho calor pero nos llevamos sangre de monja para refrescarnos.En las llamas de aquel abismo hay perros infernales salvajes.
Alice: Es precioso.
Calabazo: Sabía que te gustaría.


Calabazo: ¡Oh! Disculpad, amigos. Le estaba enseñado a mi bella acompañante las vistas desde lo alto de este castillo. El lugar más romántico al que puedes llevar a una dama. Aquí todas las parejas suelen venir a darse un beso.
Alice: ¿Pretendes darme un beso?


Calabazo: Solamente si lo deseas tanto como yo.
Alice: Antes quiero que me sigas contando la historia. ¿El autoestopista está vivo?
Calabazo: En breve lo descubrirás. Ann estaba muy confundida. No sabía si su mente le había jugado una mala pasada o si estaba viendo fantasmas. No quiso averiguarlo y siguió conduciendo. Necesitaba llegar a casa y pensar en lo ocurrido.



Ya no tenía frío. Aquella visión del autoestopista atropellado corriendo tras el coche le había sofocando. Abrió las ventanillas para dejar que el aire fresco de la noche entrase.

Ann: Estoy traumatizada por lo ocurrido. Estoy tan afectada que hasta he creído ver a ese hombre persiguiéndome. No creo que pueda vivir con ese peso sobre mi conciencia. Esto es demasiado para mi...


Por la ventanilla del copiloto apareció el autoestopista. Estaba agarrado al lateral del coche, intentando meter su cuerpo por la ventanilla. Tenía el rostro deformado y un ojo fuera de su cuenca. Estaba ensangrentado pero a pesar de ello, sonreía. Ann gritó aterrorizada.

Autoestopista: Perdone, señora. Gracias por el paseo.
Ann: ¡Ahhhh! ¡Déjame en paz! ¡Socorro!
Autoestopista: Muchas gracias, señooora.


El hombre intentaba darle alcance. Alargaba sus brazos hasta ella con desesperación. Ann cerró la ventanilla, aplastando uno de los dedos del autoestopista. El hombre gritó dolorido y sacó el dedo aplastado.

Ann: ¡Déjeme en paz!


Ya no podía acceder al interior del vehículo, por lo que se arrastró hasta colocarse en la parte delantera.

Ann: ¡¿Qué es lo que quiere?!
Autoestopista: Señora, muchas gracias. Muchas gracias señoooora.
Ann: ¡Déjeme en paz!


Ann lo tenía frente a ella. Les separaba el cristal delantero. Podía ver su rostro deformado y su sonrisa demencial. Tenía las costillas rotas y algunas de ellas salían de su pecho, rascando el cristal con insistencia.

Ann: ¡¿Pero quién es usted?!
Autoestopista: ¡Señoooraaaa!
Ann: ¡¡Maldito loco!!


Pisó el freno y el hombre cayó en la carretera, frente al coche. Parecía definitivamente muerto, pero se sentó en la calzada y volvió a hablar.

Autoestopista: Gracias señora, ¡muchas gracias señooooraaa!
Ann: ¡Ahhhhh!


El pánico más absoluto dominó a Ann. Aceleró y lo atropelló nuevamente. Se aseguró de que las ruedas pasasen sobre su cuerpo.

Ann: ¡¡Muere de una vez por todas, maldito loco!!


Frenó y se asomó por la ventanilla del conductor. El hombre ya no se movía. Parecía que había acabado de una vez por todas con su vida.

Ann: Está muerto...


No se podía creer lo ocurrido. Había atropellado a un hombre por dos veces. A pesar de sus heridas, le había perseguido, intentando alcanzarla.

Ann: ¡¡Pero quién narices es ese hombre!!

Lloraba intensamente, incapaz de seguir conduciendo. Estaba traumatizada.

Ann: Has atropellado a un lunático, Ann. Es eso, un lunático. Tendré que ir a un loquero. Señora Lansin, necesita años de terapia para superar esto. Le costará muy caro, pero quizás se recupere...quizás.


De la ventanilla del conductor, apareció nuevamente el autoestopista. Estaba mucho más deformado. Su rostro era un amasijo de carne y sangre. Con una mueca escalofriante, le sonrió.

Autoestopista: ¡Gracias señora, muchas gracias señooraaa!
Ann: ¡Noooooo!


Tenía la ventanilla abierta, por lo que pudo meter su cuerpo hasta la cintura. Ann perdió el control del vehículo y se introdujo en el bosque. Intentaba sortear los árboles mientras luchaba por zafarse de su atacante.

Autoestopista: ¡Señora, muchas gracias señora, muchas gracias señoraaaaa!
Ann: ¡¡Déjame en paz!! ¡¡No me toques!! ¡¡Socorrooo!!


Logró zafarse de él y tras empujarlo, logró cerrar la ventanilla. El hombre atropellado consiguió agarrarse al espejo retrovisor y colocarse sobre el capó del coche.

Autoestopista: ¡Señoraaa! ¡Muchas gracias señoraaa!
Ann: ¡¡Muere de una puñetera vez!! 


Frenó y el hombre se golpeó contra el tronco de un gran árbol. Los focos del coche lo iluminaban. No se movía, pero Ann no se fiaba. Lo miraba aterrorizada, esperando que volviese a hablar.


Movió la cabeza y uno de sus brazos, seguía sonriendo, aunque eso ya no se podía considerar una sonrisa.

Autoestopista: Señora, gracias por todo, señora...


Ann: ¡Voy a acabar contigo! ¡Vas a morir!

Aceleró y aplastó varias veces al autoestopista contra el árbol. El coche golpeaba su machacado cuerpo una y otra vez, sin pausa. Ann se reía, había perdido por completo la cordura. .


Autoestopista: Grxias ñora, graxias pro t....
Ann: ¡¡Muere de una puñetera vez!! ¡¡ Desaparece de mi vista!!


En una de las embestidas contra el árbol, se golpeó la cabeza con el volante y perdió el conocimiento. Tras media hora inconsciente, despertó.


Ann: Ahhhh...

Le dolía mucho la cabeza y le sangraba. Las ventanillas estaban abiertas y tenía mucho frío. El silencio era sepulcral y de no ser por las luces del vehículo, la oscuridad sería absoluta. 


Miró alrededor, en busca del engendro. Su cadáver ya no estaba pero había sangre en su lugar.

Ann: Ya no está... Ahh, mi cabeza...¿Dónde estoy? Tengo que volver a la carretera...



Le rodeaba el intenso bosque, por lo que tenía que conducir con cuidado. Debía conducir con cuidado y esquivando muchos árboles.

Ann: Un momento, ¡he tenido un accidente! Claro, todo lo que he vivido ha sido una pesadilla, nada más. Eso es lo que ha ocurrido. Me he salido de la carretera y he chocado contra un árbol. Seguramente he atropellado a algún animal, de ahí la sangre.


Ann: Ahora todo tiene sentido. ¡No existe ningún autoestopista! Ay, mi cabeza...necesito curarme la herida. Mira como he dejado el coche...Señora Lansin, golpear su coche contra un árbol le saldrá muy caro. ¿6.000 cleuros? Quizás más, señora Lansin, quizás mucho más.


Pudo ver la carretera a lo lejos y eso la animó. Temía quedarse atrapada en medio de la nada, en la oscuridad más absoluta.

Ann: Tengo que salir de aquí cuanto antes. Algo bueno saco de todo esto, por fin tengo una excusa convincente para George. Oh George, he tenido un accidente. Me salí de la carretera y llevo horas inconsciente. ¿No crees lo que te digo? Mira la herida de mi cabeza y el estado de mi coche...


Por fin consiguió sacar el coche a la carretera y abandonar el bosque. Estaba repleto de arañazos, golpes, ramas y sangre.

Ann: Ha sido una pesadilla horrible. Necesito una buena ducha y olvidar lo ocurrido.


Encendió la radio pero no sintonizaba ninguna emisora. La calefacción funcionaba, así que la puso a máxima potencia.

Ann: Estoy congelada. No sé cuantas horas habré pasado inconsciente.


Saltando sobre el capó, apareció el autoestopista. Su rostro era una calavera ensangrentada. Sus brazos esqueléticos golpeaban el crisal, intentando entrar.

Ann: ¡No puede ser! ¡No eres real!
Autoestopista: Señoooora, muchas gracias por todo. 


Ann: ¡¡Aléjate de mi!!
Autoestopista: ¡¡Señoooraaaa!!


Su aspecto nada tenía que ver con el de aquel inocente autoestopista. Parecía un monstruo salido de sus peores pesadillas. Entonces, recordó algo. Mientras buscaba los cigarrillos en la guantera, vio un arma. Era una pistola que George le había dejado ahí, por si las moscas. Era un gran aficionado a las armas. Hasta ese momento no había recordado que la tenía ahí.


Frenó de golpe y el ser perdió el equilibrio, golpeándose contra la carretera. Ann aprovechó para rebuscar en la guantera y sacar la pistola. Salió del vehículo y sin pensárselo dos veces, disparó contra el hombre.


Vació el cargador y siguió apretando el gatillo, enfurecida. Cuando se percató de que ya no disparaba y que el autoestopista no se movía, se detuvo.

Ann: Por fin has muerto, monstruo.


Se subió al coche y lo atropelló unas cuantas veces más. Disfrutaba cuando las ruedas de su coche aplastaban su cuerpo.

Ann: De esta ya no te levantas, desgraciado.


Aceleró y dejó al cadáver del hombre tendido en el suelo. Lloraba y se reía al mismo tiempo. La radio se encendió de repente. Sonaba una canción que no le gustaba, pero se puso a cantar entre lágrimas como si su vida dependiese de ello.


Continuará...


lunes, 5 de noviembre de 2018

Halloween 2018: El autoestopista - Capítulo 02

Capítulo 02: El accidente

Ann conducía a toda prisa. Apretaba el acelerador observando nerviosa la hora. Ya había salido de la ciudad y conducía por una carretera que atravesaba un frondoso bosque. La oscuridad era casi absoluta. Se conocía bien el camino, pero siempre le había causado algo de respeto.

 Ann: No se ve un pimiento.

Había pensando en quedar con Mike cerca de casa, en algún hotel de la zona, pero prefería conducir antes de levantar sospechas y ser descubierta por su marido.

Ann: Es imposible que llegue antes que George. Tengo que pensar en una buena excusa.


Hacía frío y encendió la calefacción. Se arrepintió por no haberse llevado una chaqueta.Vestía con poca ropa y no abrigaba en absoluto. 

Ann: ¡Ya sé! Oh George, he ido al cine con Trudy y Jim...no cuela. Además, no tengo ni idea de las películas que hay en cartelera.


El viento movía los árboles y sintió un escalofrío por todo el cuerpo. Aquel bosque intimidaba, con tantos árboles y aquella intensa oscuridad. Dio más potencia a la calefacción y sin querer, arañó el tapizado con una uña.

Ann: ¡Maldita sea! Señora Lansin, cambiar el tapizado le costará 600 cleuros. Esos del taller siempre me están sacando el dinero por cualquier tontería. Debo tranquilizarme, me estoy volviendo paranoica.  Debo pensar una excusa cuanto antes. 


Ann: George, he estado en un hotel con un gigoló. Ni te imaginas lo bien que lo he pasado.Por 500 cleuros te proporciona seis orgasmos, ¡seis orgasmos! Oh George, es encantador. Se llama Mike, lo tendríamos que invitar a cenar a casa.


Ann se reía de pensarlo. A George le daría un infarto si le confesase la verdad, pero reírse le tranquilizaba.

Ann: Si le confieso la verdad, lo pierdo todo. ¡Ya sé, le puedo decir que le estoy preparando una sorpresa para su cumpleaños! Todavía queda un mes, pero puede colar.


Esa excusa le pareció convincente, así que se relajó. Encendió la radio y sintonizó la emisora que le gustaba. Sonaba una de sus canciones preferidas, walk on the wild side, de Lou Reed. Se puso a cantar como una loca, pensando en el próximo encuentro con Mike.


Por fin había entrado en calor y se había tranquilizado. Era una carretera muy solitaria, apenas pasaban coches. No le gustaba conducir de noche, y menos por carreteras tan solitarias. 

Ann: Bueno, vale la pena correr el riesgo. ¡Seis orgasmos! Pobre Mike, creo que se está enamorando de mi.


Decidió fumarse un cigarrillo. Siempre se fumaba uno en la cama, junto a Mike. Con las prisas, no había tenido tiempo para fumárselo. Se autoconvencía de que un cigarrillo al día no le hacía ningún daño, y era casi una obligación después de disfrutar de un intenso orgasmo.

Ann: Creo que tengo un paquete en la guantera...


La guantera era un cajón desastre. Gafas, papeles, perfumes, pinturas...era casi imposible encontrar el paquete de tabaco. Dejó de mirar a la carretera y se centró en la guantera, situada frente al asiento del copiloto. 

Ann: ¡Tiene que estar por aquí!

Un autoestopista se aproximó a la carretera al ver un coche pasar. Llevaba horas caminando y tenía frío. Aquel bosque provocaba escalofríos y estaba asustado. Necesitaba que alguien lo llevase. Llevaba a cuestas su enorme mochila, cargada de utensilios de viaje. La luz de los focos del coche le cegaron por un momento.  


Ann seguía buscando el paquete de tabaco en la guantera, cada vez más desesperada. No miraba al frente, por lo que no se percató de la presencia del autoestopista ni de que se estaba saliendo de la carretera.


Ann: ¡Tengo que ordenar todo esto! ¡Bingo! Aquí están los cigarrillos.


Cuando se incorporó y miró a la carretera, ya era demasiado tarde. Gritó al ver al autoestopista frente a ella, levantando las manos y con una expresión de terror en sus ojos.


Lo atropelló de pleno, dándole muy fuerte. El autoestopista se golpeó contra el capó. Gritaba de dolor y miedo. Cada golpe que se daba, era más fuerte que el anterior. Ann había perdido el control del vehículo e iba dando bandazos de un lado para otro.


El hombre cayó a un lado y las ruedas delanteras y luego las traseras pasaron por encima de su ya magullado cuerpo. Dejó de gritar cuando una de las ruedas le pasó por la cabeza.


Ann consiguió dominar el coche y frenó. El cuerpo del autoestopista yacía sobre la carretera, sin signos de vida. Se quedó paralizada, mirando por el espejo retrovisor al hombre tirado en la calzada. Se puso a llorar histérica, tapándose la boca sorprendida.


Ann: ¡He atropellado a alguien! ¡Oh, no!

No podía dejar de llorar. Miraba por el espejo retrovisor, esperando que el hombre se moviese o diese algún signo de vida. Pasaban los minutos y el autoestopista no se movía.

Ann: Está muerto...lo he matado. Debería bajar...comprobar que está muerto. A lo mejor sigue con vida...¡No, ya está muerto! Piensa, Ann, piensa...


Ann: Esto arruinará mi vida. Quizás vaya a la cárcel y George descubrirá lo de Mike. Ya no puedo hacer nada por este hombre. Será mejor que me marche, que olvide lo ocurrido. ¡No puedo!

Seguía llorando, intentando aclarar las ideas. Debía tomar una decisión.


De pronto, las luces de un coche se acercaban lentamente hasta ella. Alguien venía por esa misma carretera y en cuanto llegase,no podría escapar. Tendría que apechugar con lo que había hecho y su vida cambiaría para siempre.

Ann: No sé que debo hacer...


Aquel coche se detuvo ante el cadáver del autoestopista. Las luces de sus faros iluminaron al pobre hombre y sus terribles y mortales heridas.

George: ¡Un accidente!


Ann se alejó lentamente de la escena y se detuvo a una distancia prudencial. No quería que reconociesen el coche ni pudiesen ver la matrícula.


Un hombre mayor bajó del vehículo y fue en auxilio del autoestopista. Cuando vio el estado en el que había quedado, supo que era imposible que hubiese sobrevivido.

George: Por todos los clicks, está muerto.


Miró al coche de Ann. Solamente podía ver las luces traseras de su vehículo. En plena oscuridad parecían los ojos rojos de un demonio enfurecido.

George: Aquel coche le habrá atropellado. ¿No piensa hacer nada?


Otro vehículo se detuvo para saber que estaba ocurriendo. Conducía una mujer, que miró desde el asiento del conductor la escena. Cuando vio el cadáver, gritó espantada.

Laura: ¿Está muerto?
George: Me temo que sí.
Laura: ¿Lo ha atropellado?
George: No, ha sido aquel vehículo de allá.


Laura se bajó para comprobar que en realidad estuviese muerto.

Laura: ¡Pobre hombre! Es horrible...
George: Ya he llamado a una ambulancia, dicen que tardarán un poco en llegar.


Ann miraba desde la distancia lo que estaba ocurriendo. Seguía indecisa, sin saber lo que debía hacer.

Ann: Debería ir y aceptar mi destino.


Laura miraba al coche de Ann. Estaba muy enfadada.

Laura: ¡Vuelve aquí y da la cara! ¡Le has atropellado, asesino! Rápido, debemos tomar la matrícula antes que escape.
George: Desde aquí no se ve nada.
Laura: Me acercaré con mi coche.


Al escuchar sus gritos, reaccionó. Aceleró y se alejó de allí a toda prisa. Laura gritaba enfurecida. Corría en un intento desesperado por anotar la matrícula o averiguar que clase de coche era.


De nada le sirvió, Ann se alejó rápidamente sin que le diese tiempo a nada. Estaba temblando, muy nerviosa.

Ann: Ann,¡en que lío te has metido! No puedo creer lo que he hecho...¡He matado a un hombre! La cuestión es, ¿podré vivir con ello? Todavía estoy a tiempo para entregarme. Puedo alegar que lo confundí con un animal...Un momento, a lo mejor no está muerto. Es verdad, quizás haya sobrevivido. Tengo que tranquilizarme y no precipitarme.


Vio a alguien caminando torpemente por la carretera y se detuvo. Miró por el espejo retrovisor. Aquella persona parecía ser el autoestopista, pero era imposible. Lo había dejado allí, muerto o malherido.


Estaba muy oscuro, por lo que le costaba verle. Aquel hombre se acercaba muy lentamente, arrastrando una de sus piernas. Levantaba un brazo, pidiendo a Ann que la esperase.


Parecía el mismo hombre que había atropellado, malherido y con sangre por todas partes. Estaba desesperado por llegar hasta Ann y comenzó a caminar más deprisa,arrastrando su pierna y sonriendo mientras escupía sangre por la boca.


Ann aceleró asustada. Estaba empezando a pensar que había perdido la cabeza.

Ann: Creo que me estoy volviendo loca. 


Continuará...